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Ojo por ojo

Por varios años se ha mencionado que los ciclos de venganza son una de las razones que alimentan la actual ola de violencia. En algún momento la rivalidad entre pandillas surgió y, después de décadas, los asesinatos continúan sin que los perpetradores actuales conozcan el origen histórico de los conflictos. A esa dinámica mortal se ha sumado la confrontación entre policías y pandillas. Después de varios años de convivencia relativamente pacífica, las cosas han tomado un rumbo muy agresivo y mortal. En estos procesos complejos es muy difícil precisar quién disparó los primeros tiros y, consecuentemente, quién hizo el primer acto de agresión. El hecho es que una vez la dinámica de la venganza se ha establecido el movimiento pendular es cada vez más amplio y más acentuado.

Recientemente circuló en las redes sociales un video de un supuesto policía invitando a incrementar los actos de venganza contra las pandillas. Independientemente que el video sea verdadero o falso, ilustra bien el sentimiento que aflora cuando se piensa que el problema de la violencia se puede resolver con más violencia. La guerra se desata, los protocolos y la legalidad se dejan de lado y el país retrocede décadas. Las pandillas tienen un arraigo muy fuerte y mientras no se reviertan los factores de riesgo que provocan la incorporación de más niños y jóvenes a los grupos disfuncionales, el futuro se vislumbra como un largo camino sembrado de sangre. Acabar con las pandillas por la vía de la represión es una quimera. El intento pasaría por masacrar a grandes segmentos poblacionales y sacrificar la institucionalidad y el respeto a la legalidad. Un retroceso de treinta años en la historia nacional.

Como siempre, en el proceso, las más afectadas serán las personas inocentes que desde hace años vienen sufriendo asesinatos injustificados, desplazamientos forzados, temores y ansiedades, frustración y pérdida de la esperanza. En ese camino macabro solo puede preverse más muertes, más dolor, más pérdidas, más odios. Como en su momento lo dijo Gandhi "Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego". Es necesario encontrar opciones de salida diferentes a la de la fuerza bruta. Ya que nos ufanamos de ser un país predominantemente cristiano, bien haríamos en poner por obra las ideas de Jesús quien dijo: "Ustedes han oído que se dijo: 'Ojo por ojo y diente por diente'. Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra". Una de las razones por la que somos tan profundamente tentados a reducir la salvación de Jesús a un evento primordialmente privado y para después de la muerte es que, mientras decimos creer en Jesús, seguimos sin estar convencidos de sus ideas. Creemos que Jesús puede salvarnos para la vida siguiente, pero en esta vida no es una cruz la que nos salva sino la espada. Debemos creer en Jesús no sólo creyendo lo que las doctrinas dicen con respecto a su identidad sino también creyendo en sus ideas radicales sobre la no violencia. Devolver bien por bien y mal por mal es el modo en que el mundo siempre ha operado. Por eso el mundo está tan lleno de maldad. Sin la no violencia de Jesús, no hay futuro. Al menos, no el futuro que deseamos.

*Colaborador de El Diario de Hoy.