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Ofertas electorales para solucionar la violencia

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Se ha mencionado en reiteradas ocasiones que el problema de la violencia juvenil se descuidó por haberse abordado desde una visión política partidaria. Es decir, que la condición de inseguridad ciudadana se explotó de manera propagandística con el fin de captar el voto de las mayorías. El propósito no era comprender la naturaleza del problema para trabajar en su solución, sino comprender la psicología colectiva frente a la inseguridad para sacar provecho de las expectativas populares.

Por ello, no debe extrañarnos que concluidos los sufragios el problema de la violencia se haya agudizado a niveles sin precedentes y que quienes ofrecieron un país seguro ni siquiera se ruborizaran cuando El Salvador alcanzó el estatus del país más violento del continente.

Ese pasado inmediato es ahora motivo de preocupación grave ante el hecho de que, nuevamente, el tema está siendo enfocado desde una perspectiva puramente electoral. Los principales aspirantes a candidaturas presidenciales adoptan posiciones que reaccionan al ir y venir de los ánimos populares; pero, todavía no se ha conocido una propuesta seria que otorgue indicios que el problema ha sido comprendido en su génesis y que se estén tomando en cuenta sus aspectos estructurales, económicos, antropológicos y psicológicos.

Algunas ideas ofertadas pueden parecer básicas y obvias, pero dejan de serlo por descuidar el contexto de país. Ofrecer, por ejemplo, incrementar el número de policías como solución al problema, suena bien para el ciudadano promedio que no tiene tiempo para la reflexión. Pero, al tener en cuenta la investigación del Banco Mundial, que indica que en el país apenas se logran sentencias en el 0.9% de los casos ¿qué objeto tiene incrementar el número de policías si la eficiencia no tiene que ver con la cantidad sino con los procedimientos? En las actuales condiciones nadie desea ser testigo en un sistema que no le ofrece protección alguna, declinando mostrarse ofendido para preservar la vida.

Al enfocar el tema desde la perspectiva electoral es comprensible que el énfasis se coloque en el aspecto represivo. Ya que eso es lo que la ciudadanía irreflexivamente desea ya cansada y harta de tanta extorsión y asesinatos y movida por la lógica revanchista de nuestras culturas violentas. Comprensible desde una estrategia electoral que no repara más que en el utilitarismo para la obtención del voto. Pero, se necesitaría lindar con la necedad para pensar que ese es el camino a la solución. No sólo la experiencia propia sino la de países vecinos demuestran que la represión aislada agrava el problema en lugar de resolverlo. ¿Qué represión puede ser eficaz ante un problema social en el que ya se encuentra implicado casi el 6% de la población del país? ¿Habrá cárcel para todos?

Ninguna propuesta de solución merece la atención si no es parte del diseño de una política nacional de prevención integral de la violencia juvenil. Pero para elaborar una política honesta de prevención es ineludible conocer la naturaleza holística del problema y sus condicionantes estructurales. Una propuesta simplista es un claro reflejo de desconocimiento del tema. En las iglesias estamos preocupados por la situación e interesados en escuchar propuestas sensatas que hasta hoy han brillado por su ausencia. A lo mejor estemos pecando de impacientes pues, después de todo, se dice que la campaña electoral aún no ha comenzado.

*Pastor general de la misión cristiana Elim.