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OEA: la misma película

El 18 de marzo amaneció la OEA estrenando Secretario General. Luis Almagro, excanciller uruguayo, llega a sustituir al chileno José Miguel Insulza. El relevo en el liderazgo de la institución es bienvenido, pues su inacción ante las múltiples violaciones a las libertades en Latino América hace que se comience a ponerse en duda su verdadero interés en la defensa de la democracia.

Sin embargo, una reciente entrevista al nuevo Secretario en Al Punto, el programa dominical de entrevistas de la cadena Univisión, parecería indicar que de la nueva etapa del liderazgo de la organización deberíamos esperar los mismos resultados que de la anterior. A menos que las acciones del organismo que dirige sean completamente diferentes a sus tibias palabras, parece que de Almagro, quienes acudan a la institución para pedir protección ante la violencia de sus derechos causada por abusos gubernamentales en la región pueden esperar lo mismo que de Insulza: no mucho.

Y a pesar que las palabras y el escuálido liderazgo de sus secretarios no le hagan justicia al buen trabajo de campo en la región que algunas unidades dentro de la OEA aún realizan, tan poco compromiso con la democracia y los derechos humanos por parte de su liderazgo deja mucho que desear, sobre todo en un momento en que crecen los abusos de poder a manos de gobiernos autoritarios.

Ejemplos de la ola de "sultanismo" (o la ocupación de todas las ramas del gobierno por una misma persona o grupo pequeñísimo) regional sobran: Ecuador y su paranoia ante la crítica u oposición que desató la injusta persecución de un caricaturista, los 3,000 días que el presidente nicaragüense Daniel Ortega tiene de no dar una conferencia de prensa en que conteste de manera abierta las preguntas de los periodistas, o las muertes impunes de varios jóvenes venezolanos cuyo único pecado ha sido oponerse al gobierno.

Lo que es peor, en su entrevista el nuevo Secretario se apartó de condenar al gobierno venezolano a pesar de que sobran pruebas de que las garantías constitucionales de debido proceso se han vuelto letra muerta en lo que a los presos políticos se refiere. Parece que cuando del gobierno venezolano se trata, el organismo hace caso omiso de cualquier falta.

Quedó demostrado cuando el organismo ni se inmutó o dignó a condenar la reciente declaración del embajador venezolano ante la OEA Roy Chaderton de que las balas en las cabezas de los jóvenes venezolanos que hacen oposición desde la protesta "pasan rápido y suenan hueco" porque dentro no hay materia gris, claramente restando importancia de las vidas que hasta ahora se han perdido violentamente. Si las apologías a la violencia política pasan ignoradas por el liderazgo del organismo, ¿qué puede esperarse de otras violaciones a los derechos humanos cuando provienen de gobiernos a los que el liderazgo favorece?

Al pedírsele reacción con respecto a la libertad de expresión, Almagro respondió que la OEA seguiría fortaleciendo la relatoría y que daría prioridad al derecho a la información y a garantizar los derechos de los periodistas. Ojalá esto se traduzca en presión para que se haga justicia por las muertes recientes de periodistas en Guatemala y en condenas a la censura que sufren en Argentina y Ecuador quienes ejercen el periodismo.

Ojalá la tibieza de las palabras del Secretario Almagro sean simplemente prudencia diplomática y no falta de compromiso con los derechos humanos. De lo contrario, esta es una película que ya vimos y que se llama Insulza.

*Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg