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Obras son amores

El asalto del poder por parte de los partidos comunistas puede describirse de una manera simple como una transacción en la que los partidos exigen el poder absoluto contra una promesa de entregar el paraíso comunista,una etapa utópica que ellos mismos aceptan que nunca se ha puesto en práctica en ninguna parte del mundo. Ese paraíso aparecerá en algún momento en el futuro. Por el momento, los pueblos tienen que aceptar pasar por una etapa llamada "la dictadura del proletariado", que es ejercida por la vanguardia del proletariado, que es, por supuesto, la cúpula del Partido Comunista (o del partido que juegue el papel de éste).

La dictadura del proletariado es, como su nombre lo indica, una dictadura férrea, cuyo propósito es eliminar la burguesía, el concepto de propiedad y la idea de los derechos individuales, y acostumbrar a la gente a obedecer al partido.

Esta idea no es fácil de vender. Por eso, la única manera en la que el sistema comunista se puede imponer es engañando a la gente, escalando el poder sobre la base de promesas que no tienen ninguna relación con lo que intentan hacer, y aplicando luego el consejo de Maquiavelo en El Príncipe: "El populacho es por naturaleza voluble; es fácil persuadirlo de algo, pero difícil confirmarlo en dicha persuasión. Por eso, uno debe arreglar urgentemente las cosas para que cuando ellos ya no crean puedan ser obligados a creer por medio de la fuerza". Es decir, hay que meter a la gente en el redil ofreciendo cualquier cosa, y luego cerrar la puerta para que no quede más posibilidad de que se escapen.

Por eso, lo primero que los regímenes comunistas tratan de hacer al llegar al poder no es nacionalizar empresas o tomar otras medidas económicas. Para ellos, lo esencial es afianzarse en el poder para que el pueblo no pueda echarlos cuando se den cuenta de lo que realmente es el comunismo. Una vez que la maquinaria de la represión ha sido montada será fácil expropiar, nacionalizar y hacer lo que quieran con la economía del país. Todos los regímenes comunistas han comenzado con promesas de no ser comunistas.

Para darse un tiempo mientras se crea la maquinaria de represión los partidos comunistas necesitan decir dos cosas contradictorias a la vez: por un lado, hablarles a sus bases ofreciéndoles revolución y por el otro negar que tienen la más mínima intención de hacerla. Es decir, el truco requiere mentir a dos públicos, y decirle a cada uno de ellos que se está mintiendo al otro.

El FMLN ha estado haciendo esto por varios años mientras avanza en su agenda para tomar el poder total. Ya se ha apoderado de todo el aparato institucional del país, excepto la Sala de lo Constitucional, mientras sonríe diciendo que no hay por qué preocuparse. Durante la campaña, el ahora presidente electo Sánchez Cerén dijo muchas cosas contradictorias antes de entrar en un gran silencio para que los que hablaran de revoluciones fueran otros.

Ahora dice que ha olvidado el radicalismo de hace apenas unos meses, que quiere acercarse al sector privado, que su objetivo es mejorar la economía y lograr la paz social. Pero las personas de las que se rodea son las asociadas con las visiones más radicales del FMLN.

Esto hace pensar que el FMLN y el presidente electo están otra vez jugando a la desinformación para minimizar la oposición a las reformas radicales que dejarán al pueblo sin la posibilidad de oponerse a una dictadura comunista. Si el presidente electo quiere que el pueblo le crea que no está haciendo esto, debe comenzar a tomar medidas inmediatas que den confianza a la población, incentiven a los inversionistas y lleven a más creación de empleo. No puede seguir refugiándose en la trillada excusa de que los voceros del partido se disparan a decir cosas radicales cuando él quiere tener un gobierno moderado.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.