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Obituario para Cambio Democrático

El "photo finish" entre Douglas Avilés y Mauricio Vargas por la diputación #24 de San Salvador no sólo dejó fuera de la próxima Asamblea al secretario general de Cambio Democrático, sino fuera del juego político a su partido. Muchos han expresado que esto es una pérdida para el país: Desaparece la izquierda democrática des espectro partidario.

Pero de nada le hubiera servido al CD, ni a la izquierda democrática, si con la ayuda del FMLN, de GANA y del TSE el diputado Avilés hubiera logrado su reelección en las mesas de escrutinio en la Feria. La salida del CD de la Asamblea, y por tanto su muerte institucional, es sólo la partida de defunción. Cambio Democrático había muerto mucho antes como expresión de la izquierda democrática y como alternativa al monopolio del FMLN de representar la izquierda salvadoreña, en un largo proceso de letargia.

La decisión del CD, en los últimos meses del año 2008, de hacerse parte de la campaña presidencial de Mauricio Funes y su posterior entrada al gobierno Funes-FMLN, ha sido un punto crítico en este proceso de auto-destrucción del CD, tal vez el decisivo, pero el proceso viene incluso de antes. La entrada al gobierno del FMLN, pensando que junto con Funes el CD podía consolidarse como fuerza de izquierda independiente, fue solamente el punto sin retorno. El CD asumió su cuota en el gobierno, pero nunca en el poder, y el proyecto de consolidar, desde el gobierno, una fuerza socialdemócrata, nunca cuajó. Lo que se consolidó fue el FMLN, y se consolidó como fuerza autoritaria, cerrada al debate y la renovación. Resultado: La presidencia de Salvador Sánchez Cerén, con Sigfrido Reyes dirigiendo la Asamblea, Medardo González al partido, y José Luis Merino a los negocios de ALBA. La cuadriga de la ortodoxia, 2 del PC + 2 de las FPL.

El proyecto de consolidar al CD como fuerza que nueva la izquierda no pudo cuajar, porque le faltó el ingrediente más importante: la independencia. En un país, donde un partido autoritario como el FMLN ejerce el monopolio de representar a la izquierda, no hay manera de construir una fuerza de izquierda alternativa haciéndose su socio minoritario.

Pero el fracaso del CD comenzó mucho antes: en el 2002, cuando el Movimiento Renovador se desprendió del FMLN, y en el 2006, cuando otro grupo disidente de corte socialdemócrata salió del FMLN para refundar el Frente Democrático Revolucionario. En estos años decisivos para la izquierda democrática, hubo un sinfín de intentos de unificar esta tendencia, representada por el CDU (antecesor del CD), los Renovadores de Facundo Guardado, los protagonistas del FDR, otros grupos de corte socialdemócrata dentro del FMLN (encabezados por Oscar Ortiz), el Partido Socialdemócrata - y una gran cantidad de personajes e intelectuales independientes de la izquierda. Con Héctor Dada, Rubén Zamora, Facundo Guardado, Salvador Samayoa, Roberto Rubio, Celina Monterrosa, Ileana Rogel, Francisco Jovel, Raúl Mijango, Héctor Silva y Oscar Ortiz, este conglomerado, al unirse, hubiera tenido un liderazgo suficientemente fuerte y representativo para consolidar una tercera fuerza de corte socialdemócrata.

Todas estas negociaciones fracasaron, entre otras razones porque el partido más consolidado, el CDU, bajo el liderazgo de Rubén Zamora, Héctor Silva y Héctor Dada, nunca estuvo dispuesto a disolverse en un movimiento de izquierda más amplio y plural, y para enfrentarse al FMLN. Pasó el momento histórico: Héctor Silva y el CDU entraron en una alianza infeliz con el PDC para disputar la presidencia en el 2004; los disidentes en el FMLN fundaron su propio partidito FDR, el cual fracasó, y la mayoría de sus militantes regresó al FMLN; los Renovadores de Facundo se dispersaron, y los intelectuales se quedaron sin opción partidaria.

El CDU de Héctor Silva fue cancelado como partido político, por su desastroso resultado en las elecciones presidenciales, y en vez de aprovechar su refundación para abrirse y para unir la dispersa izquierda democrática del país, decidió quedarse solo: nació el CD, sin capacidad, fuerza y voluntad de desmarcarse del FMLN.

Todos los intentos de revitalizar al raquítico CD fracasaron: incorporaron a ex dirigentes del PDC de Duarte; a oportunistas como Tomás Chévez, ex candidato del PCN; a corruptos como Juan Pablo Durán y Oscar Kattán, pero nunca abrieron su partido al resto de la izquierda democrática, sabiendo que esto hubiera marcado la ruptura con el FMLN.

En el 2008, cuando el FMLN postuló a Mauricio Funes como candidato a la presidencia, el CD tuvo su última oportunidad de establecer su independencia del FMLN, y decidió no aprovecharla. En vez de establecerse como oposición crítica a cualquiera de los dos polos que ganara en el 2009 (ARENA o FMLN), recogiendo todo el potencial disperso de la centroizquierda en el país, apostó a la ilusión ofrecida por Mauricio Funes de transformar la izquierda desde el poder.

El desgaste que esta decisión ha traído a Cambio Democrático, con el Dr. Dada aguantando años en el gabinete de Funes sin la mínima influencia sobre el rumbo del país, cobra su factura final hoy con la desaparición de Douglas Avilés de la Asamblea y de su partido del mapa político. Con ellos desaparece la ilusión falsa que en El Salvador existe una fuerza de izquierda independiente.

*Columnista de El Diario de Hoy.