Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Obediencia o rebeldía contra la realidad

Vivimos en un ambiente propio, nacional, de tremenda ignorancia. Nos falta educación y, en especial, nos falta educación de lo mas importante: de lo que nos hace más humanos. Por eso hay tanto sinvergüenza, tanto corrupto, tanto criminal. Y, encima, estamos acosados y muchos de nosotros infectados por una anticultura extranjera caracterizada por la rebeldía, el odio y la lucha contra las leyes morales y, lo que es peo, también contra las sabias leyes de la naturaleza.

Tomo algunas frases de un vídeo: "un pueblo educado sabe elegir a dirigentes honestos y competitivos". "Un pueblo ignorante desperdicia sus recursos y se empobrece. Un pueblo ignorante vive de ilusiones." El vídeo es sobre Finlandia, país con menos recursos que el Salvador pero país culto y civilizado, con una economía competitiva (piensen en Nokia) que dedica el 6% de su PIB a educación. Aquí, en cambio, al gobierno actual le interesa que los ignorantes sean mayoría: le va la vida y el propio enriquecimiento, en ello.

En cuanto a la anticultura, un gobierno de gente sin principios morales, siempre estará dispuesto a introducir el aborto, el gaymonio el lesbimonio y el transgénero si se le gratifica debidamente, persona a persona y también se le mitiga el hoyo creciente de su economía deficitaria.

La rebeldía contra la naturaleza es, en el fondo, algo imposible. Sólo cabe la ficción y un fracaso disfrazado de éxito. Una persona humana ya desde el cigoto es hombre (XY) o mujer (XX). No hay otra alternativa. Además cuando se forme la placenta, ésta se irá conformando con una dotación humoral distinta, obedeciendo al sexo del embrión. No hay igualitarismo, no hay equidad de placenta. Hay justicia natural que trata como diferentes a lo que es diferente. Después el desarrollo de ese ser humano exige, para su mejor logro, que la embarazada esté contenta e ilusionada con el niño que lleva dentro. Y ya salido a la vida externa también será diferente el futuro de ese tiernito, como demostró hace años Daniel Goleman, con su "Inteligencia emocional", según sea el trato amoroso o fastidiado por parte de su mamá. Se irá abriendo ante él una visión acogedora del mundo o una actitud miedosa y defensiva ante un mundo que le parece frío u hostil.

De cómo sea el hogar que va encontrando un niño, irá madurando feliz si vive en un hogar de amor, de ternura, de alegría. Pero si crece viendo que sus padres pelean con frecuencia, su maduración afectiva será defectuosa. También sufrirá problemas de maduración si uno de ellos falta, generalmente el padre. Si se siguen las leyes naturales del matrimonio y la familia, se irá formando una persona valiosa. Ahí está el punto primero y principal para acabar con el poder de los delincuentes: lo primero es cerrar la "fabrica" de ellos, poner la educación como actividad prioritaria de un gobierno. Erradicar la peor de las pobrezas: la pobreza mental, la ignorancia y las mentiras de la cultura de la muerte.

Está documentado ampliamente que la tendencia a la homosexualidad, tanto en mujeres como en hombres, nace de una deficiencia grave en la educación afectiva que debió recibir en la niñez y la primera adolescencia. El fallo estuvo en el padre, en la madre o en los dos. No hay homosexualidad genética. No se nace así. Richard Cohen es uno de los que puede ser excelente testigo. A causa de ello es odiado por el lobby homosexual. También hay otros odiados: los curadores de la homosexualidad: los doctores Spitzer, Van den Aardweg, Nicolosi, Polaino, etc.

El cambio de sexo no existe. Es sólo una apariencia. Una de las más trágicas rebeldías contra la naturaleza. Los medios informativos celebran el cambio, pero después silencian los fracasos personales, los que se arrepienten, los que se suicidan.

Recordemos la sentencia que un doctor emitió con ocasión de la epidemia del Sida: "Dios perdona siempre, los hombres alguna vez, la naturaleza, nunca."

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com