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Obama se juega el todo por el todo

Es necesario dar seguimiento y entender recientes hechos políticos estadounidenses, que tienen efectos muy particulares en las relaciones internacionales y sobre todo sobre la región centroamericana, afectando la migración en El Salvador.

Se ha entrado en la fase final de la presidencia de Barack Obama y es una opinión generalizada que, al igual que varios presidentes norteamericanos que gobernaron desde la Segunda Guerra Mundial, su administración se encuentra en dificultades después que en las recién pasadas elecciones, tanto el Senado como el Congreso quedaron en manos de la oposición republicana.

Las elecciones de mitad de período han puesto al presidente y al Congreso en un punto muerto; sin embargo al analizar la historia, encontramos que este hecho en sí mismo no es significativo. Presidentes populares como lo fue Dwight Eisenhower se encontraron en esta condición. El problema se produce cuando no sólo existe una división institucional, sino también se presenta el hecho de un cambio en la opinión pública en contra del presidente.

Cuando el apoyo del presidente se fragmenta hasta el punto que lo obliga a luchar para recuperar su base, se considera que la presidencia está en dificultades, particularmente cuando el Congreso está en manos de la oposición. La energía del presidente no puede estar dirigida sólo hacia nuevas iniciativas con el único objetivo de recuperar sus bases. Los presidentes que han caído en esta condición casi al final de sus presidencias no han podido recuperar sus bases y el voto del centro.

Dentro de esa coyuntura, el jueves pasado, el presidente Obama anunció una acción ejecutiva que cambiará el estatus legal de millones de inmigrantes. Y es probable que sea recordado como un gran esfuerzo para cambiar el sistema de inmigración de Norteamérica. La acción pretende permitir que hasta cuatro millones de inmigrantes indocumentados, trabajando de forma ilegal, arreglen papeles para legalizar su condición migratoria y permitir, adicionalmente, la protección de un millón de personas contra la deportación. Sería una de las más amplias y ambiciosas acciones ejecutivas y una de las de mayor envergadura en la historia norteamericana.

Este acto presidencial ha provocado la furia de los republicanos. Periódicos de renombre mundial dan cuenta de las reacciones, incluyendo citas de senadores. John Cornyn dijo: "Creo que su acción unilateral es inconstitucional e ilegal, va a dañar profundamente nuestras perspectivas de una reforma migratoria", y Tom Coburn dijo: "El país se va a volver loco, porque van a verlo como un movimiento fuera de la autoridad del presidente y va a ser una situación muy grave". El portavoz de la presidencia de la Cámara, John Boehner, se refirió al presidente como "Emperador Obama".

La legislatura controlada por los republicanos puede pasar cualquier legislación que les guste y quieran, pero el presidente conserva el veto y se requieren dos tercios de ambas cámaras para superarlo. El problema es que dada la falta de popularidad del presidente y el hecho de que en dos años, tanto la presidencia, la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado se someterán a elecciones, los aliados del presidente en el Congreso no se verán tan dispuestos a ser considerados responsables de la defensa de sus vetos. Sin duda muy pocos demócratas querrían que Obama hiciera campaña para ellos.

Truman, Johnson y Nixon quedaron políticamente huérfanos al momento en que quedó claro que los líderes de su partido en el Congreso querían que se fueran.

Lo que Obama haga con su poder ejecutivo puede provocar que en el Congreso se vote para recortarle el financiamiento a su administración. Existen otras opiniones que argumentan todo lo contrario, poniendo a los republicanos en posición perdedora.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com