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Un nuevo rumbo para El Salvador

Los salvadoreños no dormimos tranquilos por tantas preocupaciones: La falta de oportunidades bien renumeradas; la inseguridad galopante; el fortalecimiento de las pandillas; el pobre desempeño de muchas carteras de Estado; el abuso de fondos públicos; el incremento de la pobreza.

Nuestro país ha caído a la merced de los problemas y estamos haciendo muy poco para solucionarlos.

Menos mal, pronto tendremos la oportunidad de darle nuestro voto de confianza al candidato que opinemos esté mejor capacitado para rodearse del equipo apropiado y, junto a la gente trabajadora encontrar una luz de esperanza al final del túnel.

Pronto podremos votar por el candidato que consideremos capaz de brindar confianza al inversionista; de poner en su lugar a los delincuentes; de no conformarse con la mediocridad; de eliminar las medias tintas de nuestra fuerza armada; de adoptar medidas de austeridad; de controlar la deuda; de generar oportunidades de crecimiento; de frenar la pobreza.

"Ninguno de los tres" afirma Raymundo y todo el mundo. De acuerdo. A la mayoría no nos emociona ningún candidato. Quizás por no tener claridad sobre sus planes de gobierno; quizás por tanto discurso sin sustento, en los que prometen resolver lo que la más reciente encuesta indica que anda mal. Con razón, estamos hartos de la mentira, el chanchullo, los rencores y de tanto salivar por el poder.

Pensándolo bien, el profesor es el único que ha cantado más claro que un gallo. Recién lo reafirmó ante los aplausos de sus compinches en Sao Paulo. De ganar la joya de la corona, implementaría en El Salvador el modelo iniciado en Venezuela por Chávez, y copiado por discípulos bolivarianos como Morales y Ortega.

Un modelo basado en la anulación de independencia de los poderes, el final de la libertad de expresión, la persecución de la oposición, la nacionalización de las multinacionales, la reducción del oxígeno de las empresas que no comulgan con el estado, y por supuesto, la compra de voluntades y futuros votos por medio de regalías de Estado.

En la otra esquina, el expresidente que quiere volver a ser presidente, usa su pico de oro con mayor resonancia, gracias a mucha plata y a la ventaja que le dan sus radios, para bombardearnos con sus mensajes de unidad. ¿Cómo se atreve a predicar unidad cuando el mismo ha sido actor de la lamentable y peligrosa división que nos rodea?

Y en la tercera esquina de un amañado triángulo cuscatleco, el actual alcalde de San Salvador, apuesta del partido tricolor desde que arrasó su segundo período el año pasado. Un partido que le ha costado desempeñar su rol de opositor, con fugas y problemas internos que le han restado poder. Un candidato que, como alcalde, ha cumplido su promesa de remozar San Salvador y hoy nos pide nuestro voto de confianza para, como presidente, recuperar El Salvador.

Señores candidatos: Los ciudadanos exigimos escuchar no más veneno ni pajas aptas sólo para Alicia en el país de las maravillas, sino planes de gobierno coherentes y realistas para el bien de nuestro querido país.

La tarea del ganador será titánica, imposible de realizar sin honestidad, transparencia y duro trabajo en equipo. ¡Cómo nos gustaría conocer las credenciales y estrategias de los miembros clave de sus gabinetes! Estrategias que despierten y emocionen al electorado, hoy por hoy contagiado por la apatía y la indiferencia.

El próximo dos de febrero, los que tenemos DUI debemos ponerlo a buen uso, ejerciendo el bendito derecho a las elecciones libres. Debemos informarnos para poder así marcar, masivamente, la bandera del partido que opinemos está mejor capacitado para lograr que El Salvador corrija su rumbo.

Crucemos los dedos para no tomar la decisión equivocada. Sólo así El Salvador podrá ser un país viable para tanto joven que busca futuro. Sólo así podremos dormir tranquilos de madrugada.

*Colaborador de El Diario de Hoy

calinalfaro@gmail.com