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Nuevo gobierno debe lograr equilibrar finanzas públicas

Para financiar el déficit fiscal del 2009 y haber evitado una crisis de caja en el marco de la crisis mundial, el Ejecutivo tuvo que gestionar en la Asamblea un mayor endeudamiento, provocando una alza sin precedentes en la relación deuda/PIB, que ascendió al 50.3 %. Estas operaciones que sumaron $2,453.5 millones dieron al gobierno la disposición financiera para enfrentar la crisis mundial.

Esa medida no fue un salvataje financiero al Gobierno, como sería hoy la situación propuesta por el Ejecutivo para auxiliar al gobierno entrante.

Pero en este quinquenio el desajuste fiscal y el endeudamiento se mantuvieron. Se estima que la relación entre deuda y PIB ascendió a 60 %. Los organismos financieros internacionales consideran alarmante un coeficiente superior al 50 %, especialmente para países en desarrollo.

En Acuerdo suscrito con El Salvador el FMI señaló lo siguiente: "si el crecimiento real del PIB se mantiene alrededor del 2% real, la deuda como porcentaje del PIB alcanzará alrededor de 62 % a finales de 2015. Sin embargo, el nivel de deuda podría subir sobre 72 % del PIB con una probabilidad del 80 % si ese nivel de crecimiento no se alcanza".

El bajo crecimiento impide aumentar la recaudación tributaria. El crecimiento promedio durante el período 2009-2013 fue de 1.8 % anual, el más bajo desde 1990. Lo que refleja un endémico bajo crecimiento, baja competitividad y poca generación de empleo formal. Sin una economía en crecimiento el impacto de cualquier reforma tributaria será limitado.

Un menor nivel de crédito para la actividad económica tiene efectos directos sobre el crecimiento y el empleo que a su vez se traduce en un menor nivel de recaudación tributaria. La evidencia señala que la economía salvadoreña no se ha recuperado y será difícil retomar un crecimiento positivo, salvo señales claras del gobierno, que recuperen la confianza del sector productivo y financiero.

Ante los evidentes resultados de estas realidades preocupa que aquellos que conducen el barco, que tienen sus manos al timón, generen un clima hostil innecesario en medio de una situación difícil, sobre todo cuando se pretenden nuevos impuestos.

Este pasado 7 de mayo, el gobierno que está por salir anunció que solicitará a la Asamblea Legislativa la autorización para emitir eurobonos por US$800 millones para pagar Letras del Tesoro (LETES) y además para realizar una reforma tributaria, introduciendo tres medidas impositivas que buscan recaudar US$200 millones anuales. En las semanas previas también se autorizó negociar cuatro préstamos con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por US$215 millones.

Y se debe considerar que la forma como se ha elaborado el presupuesto, omitiendo y subestimando gastos, ha generado un círculo vicioso que lleva al Gobierno a la trampa del desfinanciamiento. Por ejemplo, en el presupuesto aprobado para 2014, no se incluyó el pago de US$335 millones de bonos que se vencen en el segundo semestre, ni las devoluciones de impuestos que fueron US$197.8 millones en 2013, violando así el artículo 227 de la Constitución. De acuerdo con estimaciones de FUSADES, el Estado necesitará un financiamiento adicional de aproximadamente US$1,700 millones para finalizar el 2014 sin saldos de LETES.

El valor total de impuestos recaudados no garantiza un efecto positivo en el crecimiento económico o la distribución de ingresos. Lo importante no es únicamente el volumen de recursos recaudados, sino la eficiencia del gobierno en su uso racional.

El nuevo gobierno tiene gran oportunidad para dar señales claras de que tiene la voluntad y el compromiso de trabajar de la mano con todos, en beneficio de la población, en un ambiente de armonía y respeto para lograr un mayor crecimiento y asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Lo contrario será insostenible.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com