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Un nuevo filón sobre la cobertura noticiosa de la violencia

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o repito una vez más, la cobertura noticiosa sobre la violencia es difícil y compleja, no se trata de "poner muertos" en la portada de un periódico o colocarlos en el primer segmento de un noticiero de televisión, tampoco se trata de actualizar el "muertómetro", como suelen acusar las autoridades de turno, ni mucho menos es "destacar" los operativos policiales, sobre todo cuando estos tienen finalidad propagandística. Por supuesto la cobertura noticiosa no se limita, como lo demanda con simpleza el presidente de la República, a destacar las obras buenas y positivas que realiza el gobierno.

Lo que está claro es que ningún medio de comunicación, nacional o internacional, puede pasar inadvertido lo que está ocurriendo en El Salvador y dejar de informar; esta semana, el periódico británico Daily Mail publicó un amplio reportaje sobre el país al que califica de la "nueva capital mundial del crimen". Plantea que hay más muertos que en Iraq, territorialmente 20 veces mayor, que el número de asesinatos en los últimos años ha crecido más que los que hubo durante la guerra en El Salvador, que finalizó en 1992, y que el país se ha vuelto más peligroso que Honduras, cuya tasa de homicidios es de alrededor de 90 por cada 100 mil personas y donde al menos 7,172 fueron asesinadas en 2012.

Sin duda, lo que acontece en el país donde los altos niveles de inseguridad agobian cada vez más al ciudadano común, con altas tasas de criminalidad, la expansión territorial y la agresividad cada vez más brutal de las pandillas, requiere ser tratado por la prensa cotidianamente, y no porque lo medios de comunicación así lo quieren, sino porque se trata de un fenómeno permanente que pareciera crecer y agudizarse en los últimos meses.

En este contexto, cada vez más aparece un nuevo filón que no teníamos presente y que ahora se convierte en un nuevo hecho de la realidad y, por lo tanto, materia informativa noticiosa, a saber: el uso de la fuerza, incluso con señales de autoritarismo que no veíamos desde el fin de la guerra con los Acuerdos de Paz, hace casi tres décadas.

¿A qué me refiero?: Disparar contra un vehículo conducido por un ebrio que no hizo un alto en un retén, romper puertas de viviendas, detener por decenas a jóvenes supuestamente mareros, cuyo único "pecado" es ser joven y residir en una zona de maras, golpear a los detenidos e incluso "desaparecer" físicamente a los cabecillas de las pandillas.

De inmediato surge la interrogante: ¿Se debe o no informar noticiosamente sobre los abusos de la policía o del ejército ahora en tareas de seguridad?

Al hacer noticia sobre este tema, dirán algunos, se está apoyando a los delincuentes, a los mareros que cada vez actúan con mayor virulencia; es más, algunos no lo dicen pero lo piensan, otros con más descaro lo avalan y sostienen que no hay otro camino que eliminar a los criminales. En este sentido, no informar dirán otros, es apoyar la labor de la autoridad en su lucha frontal contra los pandilleros.

Nos enfrentamos una vez más, con el dilema que a diario viven los periodistas y los medios de comunicación profesionales, entre la libertad de prensa o la seguridad; todavía más de fondo, entre el Estado autoritario que pone por delante la fuerza y la imposición y el Estado de Derecho donde deben primar las leyes, donde se respete la vida sin importar de quién se trate.

El fundamento de la prensa es hacer prevalecer un derecho esencial, esto es que las personas, que la sociedad, estén debidamente informadas, y esto solo se puede hacer con medios de informativos independientes que estén por encima de las políticas de un gobierno o de las estrategias específicas para enfrentar la criminalidad.

En este sentido, más allá de que nos guste o no que los mareros agudicen sus actuaciones violentas y arremetan con virulencia contra la policía, se tiene que informar; pero de igual manera es materia noticiosa y tiene que haber noticias y amplias investigaciones, que la autoridad no siga los procedimientos y pase encima de la ley, incluso para combatir a las peligrosas maras.

Es más, dado el silencio institucional de entidades, por ejemplo las que velan y cuidan por los derechos humanos, la mayoría de ellas ahora plegadas al gobierno de turno, se requiere de la vigilancia permanente de la prensa a las actuaciones de la autoridad policial en su combate contra el crimen. No hay de otra.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com