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Nuevo año litúrgico

La Iglesia Católica para celebrar la memoria sagrada de la historia de la salvación realizada por Cristo, lo hace durante todo un año con una calendarización distinta a la del año civil. Estas celebraciones se realizan durante el año litúrgico, llamado también, año cristiano en el que se celebra el misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su última y definitiva venida, llamada Parusía.

La liturgia es el culto que ofrecemos a Dios por medio de Cristo y de su iglesia. Hoy sábado, con las celebraciones vespertinas del adviento 2013, se inaugura el nuevo año litúrgico. Juan Pablo II lo define como "el camino, a través del cual, la iglesia hace memoria del misterio pascual y lo revive". Si seguimos paso a paso todas las celebraciones del año encontraremos una gran riqueza espiritual propia de cada una de las etapas del año cristiano: Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, Pentecostés y tiempo ordinario.

Cada una de esas etapas tienen también una finalidad salvífica: la gracia de la esperanza cristiana y la conversión del corazón la encontramos en el tiempo de Adviento; la alegría de salvación la experimentamos en el tiempo de la Navidad; la gracia de la penitencia y la conversión se nos ofrece en la Cuaresma; el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte ocupa el centro del año litúrgico, y con inmenso gozo, lo celebramos en la Pascua. El coraje y valentía que encontramos en Pentecostés es una invitación directa a la evangelización. La gracia de la esperanza serena, de la honestidad en la vida de cada día y la donación al prójimo se nos presenta reiteradamente en el tiempo ordinario.

Todos los tiempos indicados por el año litúrgico son importantes, pero el centro de todo el año es la celebración de la Pascua, que con el triduo de la gran vigilia pascual, nos ubica en el misterio principal de nuestra Redención Cristiana que es la Resurrección de Cristo. No existe en la iglesia una fiesta más importante que ésta, es el núcleo de nuestra fe cristiana, es el eje sobre el cual se mueve todo el año. La pasión, muerte y resurrección son hechos históricos que sacudieron el mundo hace más de 2000 años y transformaron la historia de todos los tiempos. Cristo vive para siempre con el mismo cuerpo con que murió, un transformado y glorificado (Cor.15:20,35-45) y goza de un nuevo orden que nosotros desconocemos. Sin resurrección no tendrían sentido las demás celebraciones.

Con el año litúrgico, cada día, cada semana, cada mes, quedan santificados con estas celebraciones. Esta santificación es fuente de gracia y alegría, es fuente de júbilo y de liberación interior. Es un camino de fe; es un camino que se ha de recorrer como en espiral creciendo en la fe cada año. El papa Francisco en la clausura del Año de la fe nos dijo: "Cristo es el centro de la historia de la humanidad y también el centro de la historia de todo hombre. A Él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan. Durante todo el año cristiano nuestras oraciones hacen referencia a Cristo que con su resurrección nos ha garantizado la salvación y su regreso al final de los tiempos.

*Sacerdote Salesiano.