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Nuevas visiones políticas para El Salvador

A pocos días de la elección presidencial, nunca se habían escuchado tantas voces llamando a anular el voto. Es evidente el descontento popular con las propuestas electorales de los partidos políticos. Aun aquellos que piensan ir a votar, lo hacen con resignación, conscientes que no deberían tener que votar por el menos peor, deseando tener mejores opciones y alguien que les ofrezca esperanza para el futuro del país.

Lastimosamente, al pasar las elecciones, rápidamente nos olvidamos de las frustraciones que nos causan las realidades políticas. Igual que las resoluciones de año nuevo, prometemos involucrarnos, participar activamente para que las cosas sean diferentes, pero rápidamente regresamos a nuestras rutinas, y olvidamos nuestras resoluciones electorales. Por eso es imperativo que analicemos ahorita las razones por las cuales hemos llegado a niveles tan bajos en la oferta de la política nacional.

Lo primero de lo cual debemos hacer nota es que en esta elección se enfrentan las fuerzas más tradicionales de la política nacional. Un excomandante de la antigua guerrilla, un arenero de larga trayectoria como activista, diputado y alcalde, y un expresidente, que si bien dirige una nueva coalición, representa los partidos más antiguos aún con vida. Es una elección de viejos titanes, de viejas visiones, de viejas mañas, vacía de novedad, innovación y futuro.

Entre viejas ideas y desfasadas formas de entender el mundo no se encontrarán las soluciones para el futuro. En la vieja política no se encontrarán las herramientas para reconstruir el país. Propuestas del pasado nunca lograrán emocionar e involucrar a las nuevas generaciones, quienes tienen hambre por encontrar aquellos nuevos liderazgos que les abran las puertas a un futuro diferente.

Es un problema, en su origen, ideológico. Las generaciones anteriores se han quedado atascadas en esquemas obsoletos que ya no responden a la realidad que enfrentamos. Ni el socialismo de la izquierda, ni el conservadurismo de la derecha, podrán producir visiones del futuro que nosotros queremos construir. Buscamos ofertas políticas con visiones modernas que puedan discutir y debatir nuevas ideas y propuestas, ya no más estériles conflictos de épocas pasadas.

Serán los socialdemócratas en la izquierda y los liberales en la derecha quienes forjen los nuevos rumbos para el país. Nuevas generaciones de ciudadanos comprometidos con su país y con sus principios. Pero estas nuevas opciones políticas no se generarán espontáneamente. Las debemos construir, conscientes que será un viaje en contra de las corrientes tradicionales y establecidas.

Hoy más que nunca estoy convencido que nuestra generación logrará profundos cambios en nuestro país. La pregunta no es si lo lograremos, la pregunta es cuándo, sabiendo que entre más nos tardemos, más difícil será salir del hoyo que siguen cavando.

Desde la derecha, debemos reconocer que el conservadurismo, pragmático y corporativista, que ha llevado la batuta de la derecha política, ha fracasado en la defensa de los derechos individuales, la economía de mercado y la institucionalidad democrática. Ha sido incapaz de defender efectivamente sus principios y por lo tanto se ha visto forzada a conceder sus posiciones y recurrir al mismo populismo que critica la izquierda. Más que nunca, es necesario que las viejas visiones den paso a un nuevo liderazgo fundamentado en los principios del liberalismo.

Así como en la derecha buscamos construir esa nueva visión liberal, espero que en la izquierda se logre construir una nueva visión socialdemócrata, junto a la cual podamos establecer un consenso democrático e institucional que nos permita desarrollar los pilares políticos, sociales y económicos de una nueva nación salvadoreña. De no lograrlo, El Salvador estará destinado al estancamiento y al retroceso del cual hemos sido pasivos espectadores. No esperemos mejores candidatos para la próxima elección. Pongamos nuestros proyectos en marcha.

*Colaborador de El Diario de Hoy