Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Nuevas y viejas prácticas de la prensa en la era digital

Para entendernos mejor, hace unos años, un periodista, sobre todo de periódicos impresos, tenía la siguiente rutina: era enviado por su jefe de redacción o editor de sección a cubrir una noticia. Por lo general, realizaba tres pasos: uno, en el lugar de los hechos averiguaba qué pasó, quiénes son los involucrados, cómo ocurrió, dónde y cuándo sucedió, las preguntas básicas de toda noticia; en un segundo momento, documentaba las respuestas que iba obteniendo, con fuentes vivas, ya sea con declaraciones de los involucrados, los testigos, la autoridad, o con textos o pruebas físicas que pudieran explicar o dar fortaleza a lo sucedido y luego, reconstruía los hechos para que fuesen publicados en la edición del siguiente día. Para esto último recurría cualquiera de los géneros periodísticos, por ejemplo, la noticia o el reportaje, entre otros.

En la actualidad, no solamente en nuestro país, sino también en la mayoría de países del mundo, esta rutina se sigue realizando con rigor; sin embargo, ahora las cosas comienzan a complicarse, especialmente con los acelerados cambios que vive la sociedad actual, sobre todo, con la incorporación de las nuevas tecnologías de la comunicación (los teléfonos inteligentes) el uso de la web y las redes sociales. 

Ahora con cada vez más normalidad, un periodista al cubrir una noticia, toma fotos o un pequeño video, lo “sube” a las redes del periódico y luego hace un resumen para la web; al llegar a la redacción, si no le toca profundizar su labor investigativa en la “calle”, tiene que hacer una nueva redacción, si así lo amerita la información ya publicada, en la web o en las redes, para que sea incorporada a la edición del periódico que aparece impresa al siguiente día.

Incluso hay discusión desde la óptica meramente laboral, por ejemplo, la contratación de un periodista de un medio impreso debe ampliar su contrato “al hacer” televisión con noticias audiovisuales para la web o las redes sea Twitter, Facebook o Instagram.

Dos cuestiones en torno a esto: uno, lo básico, lo esencial, lo fundamental es lo mismo que sucedía antes de lo que sucede ahora: hacer periodismo, o sea el proceso de transformación de los hechos (dispersos en la realidad, importantes y de relevancia social) para convertirlos en información noticiosa de manera que las audiencias estén informadas y puedan hacerse un juicio propio sobre lo sucedido. 

Y dos, los medios, las plataformas para difundir la información se están transformando aceleradamente; hace unos siglos, el único medio era la prensa escrita, luego la radio y casi simultáneamente el cine, más adelante, a mitad del siglo pasado, surge la televisión y, en los últimos años, la Internet, con las variantes de las redes sociales y toda la dinámica de la virtualización a través de los usos tecnológicos propios de la llamada telefonía inteligente.

Ahora con facilidad y mucha frecuencia se formula la pregunta: ¿Morirán los periódicos impresos a mediano plazo?, interrogante que suele hacerse asimismo con los libros. No sé la respuesta, lo que sí estoy seguro es que los periódicos y los libros tendrán plataformas diferentes, algunas de ellas ya las estamos experimentando con los libros en las tabletas, los e-books, libro digital, ciberlibro o los kioscos de periódicos digitales en los cuales, mediante un teléfono, podemos ingresar a las ediciones electrónicas de cualquier periódico del mundo.

Otro tema, relacionado con esto, tiene que ver con los peligros y riesgos de hacer periodismo; ahora, al igual que antes, existe el peligro de la brutalidad de los afectados por una noticia (a favor, en contra o todo lo contrario como diría el cómico mexicano) que llevaba a tratar de presionar, amenazar, golpear o eliminar físicamente a un comunicador por el “delito” de informar, dar a conocer los hechos que tal o cual persona preferiría que quedase en la obscuridad un crimen, un robo, una estafa o un hecho de corrupción.
 

En la actualidad siguen matando a periodistas en todo el mundo, pero también ahora se hace ---como ocurre en varios países latinoamericanos de los cuales no se escapará El Salvador---, los gobiernos incrementan leyes con el objetivo, no de salvaguardar el derecho a la libre expresión y la libertad de prensa, sino de coartar estos últimos. Cada vez aumenta más la presión contra los periodistas y se trata de frenar la labor de los medios de comunicación independientes y libres para alinearlos a la gestión del gobierno de turno y, por supuesto, lo de siempre: la brutalidad para presionar, amenazar, golpear o eliminar a los comunicadores que incomodan al poder establecido…


*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com