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Nuevas ideas, mismo nepotismo

Si las campañas políticas fueran marketing comercial y los candidatos productos, deberíamos de ir pensando en poner alguna queja en la Defensoría del Consumidor en concepto de publicidad engañosa, porque aquello que nos vendieron como "nuevas ideas" resulta ser --una vez fuera del empaque celeste-aqua-- las "mismas ideas". 

Las mismas: el mismo nepotismo de las épocas de ARENA, y el mismo nepotismo que se ha dejado ver en la Asamblea al hacerse pública la lista de asesores, dejando al descubierto parentelas, se ha hecho presente en la Alcaldía de San Salvador. Ad-honórem o no, es la transparencia del nombramiento lo que se cuestiona. Y sin embargo, las críticas válidas se las ha tomado sumamente a pecho el alcalde, reaccionando de manera desproporcionada ligando cualquier cuestionamiento o crítica con una teoría de conspiración en su contra por parte de los periódicos del país. La reacción del alcalde (y la de sus acólitos, familiares y troles) pertenece al ámbito de la falacia argumental de "matar al mensajero". 

Al responder criticando a los periódicos por estar legalmente exentos de pagar impuestos, olvida que pueden coexistir ambos argumentos: se puede tener una conversación sobre lo nefasto del nepotismo y discutir los méritos de una reforma a la Ley de Imprenta al mismo tiempo… y el nepotismo seguiría siendo nefasto. Se puede, al mismo tiempo, estar a favor de que haga las obras para las que resultó electo y en contra de que estas se hagan en detrimento de la institucionalidad y la ética, pues ambos argumentos no son una dicotomía, como pobremente pretende pintarlo el equipo de defensores del nepotismo. 

Sin embargo, uno de los mayores problema del alcalde es quizás el discurso de su defensor número uno: su padre, prolífico participante de las redes sociales. En una de sus apasionadas defensas de su hijo, dijo que "los Altamirano no se sintieron capaces de pelear y ganar solos contra la familia Bukele. Engancharon a LPG para coligarse y pelear juntos". Lo anterior es problemático pues demuestra que el señor Bukele conserva una mentalidad de facciones oligárquicas donde los argumentos se calibran basados en apellidos y no en sustancia o lógica argumental. Bajo esa mentalidad, obligadamente, alguien sin apellidos conocidos (o tan conocidos que los compartimos, y a mucha honra, con la mitad de la letra L en la guía telefónica) no podemos tener nuestro propio criterio: somos tan insignificantes que por fuerza, nuestras voces deben haber sido compradas o cooptadas por apellidos con poder. Si la mentalidad del padre la ha heredado el hijo, las "nuevas ideas" tienen de nuevo solo lo celeste del empaque, pero con el mismo feudalismo que en los Ochenta trataba al país como finca, en que facilidades económicas eran lo que definía al poder, gubernamental o de facto. 

¿Desde cuándo es una conspiración de desestabilización informar hechos, que pueden ir desde la cantidad de personas que mueren en un día hasta el parentesco entre personas dentro de la administración pública? Ojalá que la reacción aireada y desproporcionada a una crítica válida solo sea síntoma de un alcalde, aún verde y acostumbrándose a su nuevo papel y señal de que todavía no ha generado el tipo de piel gruesa que se requiere para proteger el ego de los cuestionamientos. Ojalá, porque no hay peor combinación que la del ego y el poder: que lleva a tapar bocas, a hacer uso de las estructuras de poder para la propaganda y el personalismo (cualquier parecido con la realidad es coincidencia), y a poner a los medios de comunicación como blanco de ataque, olvidando el rol primordial que cumplen en una democracia.

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg