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La nueva clase política

¡Atónitos! ¡Estupefactos! ¡Patidifusos! Necesitaríamos todo el léxico de Cervantes para describir cómo nos deja el ministro de Seguridad y Justicia cada vez que abre la boca.

Porque después de haber otorgado total solidaridad a los mareros, justificando sus delitos como necesarios para que los pobrecitos subsistan, ahora considera que sería beneficioso que participaran en política "en vez de delinquir".

¿Cómo? ¿Qué dijo? A simple vista pareciera que pone al mismo nivel la política con la delincuencia: la una como alternativa de la otra. ¡Vaya enseñanza!

Munguía Payés justificó recientemente las extorsiones como modus vivendi de los mareros, porque "sólo así" pueden alimentar a sus familias; no les indica que el medio idóneo para hacerlo es "abandonen la mara, respeten la ley, estudien, prepárense académicamente, trabajen duro y así podrán mantenerse adecuadamente ustedes y sus familias". Ni les dice que después, cuando sean honrados ciudadanos, podrían participar en política. ¡Nooooo! Si casi les está aconsejando "ya no roben en la calle; tomando el poder político, podrán hacerlo desde la Asamblea, los ministerios, las instituciones gubernamentales, los partidos políticos, los sindicatos", etc. Es decir: la política, no como redención y servicio, sino como un medio alterno a la delincuencia, para sobrevivir.

Algunos politólogos frecuentemente invitados a los diferentes programas de opinión (ejemplo: Facundo Guardado) expresan, supongo que con conocimiento de causa, que "algunos diputados que están ahora en la Asamblea no son muy diferentes a los mareros". Y muchos salvadoreños piensan lo mismo. Por eso, para evitar repetir tan terrible experiencia, los ciudadanos debemos luchar continuamente por convertir a nuestra Asamblea y demás autoridades en ejemplos de apego a la ley, honestidad, buenas costumbres, capacidad y honorabilidad. Eso es lo que necesitamos, por lo que debemos exigir a los partidos políticos que lleven como funcionarios solamente a personas que puedan representar dignamente a El Salvador.

Pero el mensaje del ministro es en sentido contrario y especialmente desmotivador para la juventud honrada, que estudia concienzudamente para prepararse bien, que trabaja con ahínco para progresar, que comprende que es indispensable la participación de todos, para que nuestro país salga adelante. ¿Cómo pretender que nuestros jóvenes aspiren a ser buenos ciudadanos, cuando la autoridad expresa que no hay diferencia entre el bien y el mal, cuando se apoya al delincuente en detrimento del honrado? ¡Gravísimo!

Desearía que el ministro de Seguridad hubiera defendido a los salvadoreños que fueron vilmente calumniados por Maduro, con una migaja del ímpetu con que justifica a los mareros. Ese es otro feo mensaje para nuestros jóvenes honrados, que podrían hacer mucho bien a nuestro país participando en política. Porque, ante esas actitudes, se preguntarán: Participar en política, ¿para qué? ¿Para ser acusado injustamente de cualquier cosa por cualquier mequetrefe? ¿Para que las autoridades de mi país sean las primeras en ponerse en mi contra? ¿Para ser un ciudadano de segunda, porque soy honesto y no sinvergüenza?

Porque, tristemente parece que quienes nos hemos esforzado por tener una vida limpia, por haber trabajado duro, por lograr obtener algo a fuerza de ahorros y sacrificios, por dar trabajo a otros, por cumplir con la ley, ahora somos salvadoreños de segunda clase. A Dios gracias, a este gobierno le quedan solamente 386 días "para decirle salú", "les guste o no les guste".

Preparémonos, pues, para trabajar en nuestra reconstrucción moral, social y económica.

*Columnista de El Diario de Hoy.