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Nuestros verdaderos héroes

Dicen que los salvadoreños nos caracterizamos por nuestra mística de trabajo, nuestra amabilidad, nuestro espíritu emprendedor y nuestra valentía; hace una semana tuve una bella experiencia, que me permitió comprobarlo en un viaje que hice a Washington D.C. para lanzar nuestra tienda en línea y compartir con la comunidad de salvadoreños que reside en esa región.

Conocí a cientos de compatriotas, hombres y mujeres, de todas las edades, de diferentes pensamientos, ideologías y profesiones; entre ellos mucha gente de trabajo, excelentes anfitriones, y un sinfín de personas dispuestas a luchar y sacrificarse para lograr sus sueños. Una gran comunidad salvadoreña que con su esfuerzo ha sabido conquistar una nueva nación, pero a la vez mantener su espíritu patriótico a miles de kilómetros de distancia de nuestro Pulgarcito.

Fue asombroso ver el amor y entrega de todas estas personas hacia su país, me llegó a erizar la piel escuchar de cada uno de ellos cómo se fueron de El Salvador en búsqueda de oportunidades, con deseos de poder ofrecerle a sus familias un mejor futuro, no sólo con quienes comparten sus vidas en Estados Unidos, sino a madres, padres y hermanos que se quedaron dentro de nuestras fronteras y que se benefician de los billones de dólares que nos mandan año tras año.

Escuché tantas historias que inspiran y me llenan de orgullo. Aventuras de personas que empezaron realmente de cero, llegando a un país en el que no conocían a nadie para luchar por algo mejor. Nunca se dieron por vencidos, nunca tiraron la toalla, al contrario, el empuje de la búsqueda por la superación los ha hecho llegar lejos. Como el caso de Arístides, un hombre que ama profundamente a su familia, inteligente y luchador, que ha trabajado toda su vida para que su hija Ana Lucy tenga las oportunidades que él no tuvo. Hoy Ana Lucy, una joven con visión, igual de luchadora y valiente que su padre, estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Maryland, ella como otros jóvenes que conocí, representan la realización de los sueños de sus padres y se convierten en verdaderos símbolos de esperanza para sus comunidades. Lo percibí claramente en los ojos de Arístides, en el momento que me la presentó con ese orgullo incansable reflejado en su mirada.

Es increíble ver cómo estas personas dejan a un lado ideología, religión, nivel académico y social, y se unen por un mismo fin: ver progresar a sus familias y a su país; es un amor a su gente y a su Patria lo que los empuja a tomarse de la mano de otros hermanos y a luchar cada día para alcanzar ese sueño. Lo veo en mi amigo Elmer, quien ha sido parte de diferentes fundaciones y ha desarrollado muchos proyectos de ayuda para las comunidades en El Salvador, él sigue trabajando todos los días con el único fin de generar desarrollo para nuestra gente. Lo que me frustra es que tuve que viajar al exterior para sentir ese nivel de espíritu y compromiso con la Patria que todavía falta aquí.

Tenemos que aprender de nuestros hermanos que están fuera ese amor por El Salvador, ese amor por nuestras comunidades, ese amor por sus familias, ya que precisamente eso es lo que los hace trabajar de sol a sol sin importar los sacrificios.

También quienes seguimos en nuestro rinconcito mágico tenemos mucho que agradecerles a ellos, pues gracias a esas comunidades hemos podido salir adelante, su ayuda, los miles de millones de dólares que nos mandan, resultado de su esfuerzo y sudor, nos han permitido subsistir y progresar como nación.

Soy de la opinión que la mejor manera de agradecerles y honrarles es responsabilizándonos nosotros mismos en hacer nuestra parte, no podemos quedarnos sentados esperando la ayuda que nos envían. Varios de nuestros hermanos en el exterior me dicen que están preocupados porque están creando una generación de vagos con el dinero que mandan; por ende si queremos incentivar a que esa ayuda continúe, tenemos que ser productivos y ganar nuestro dinero con trabajo, hacerles ver que están haciendo una buena inversión y no sólo creando una población de dependientes, la dependencia no es buena ni sostenible, sólo nosotros podemos ser dueños de nuestro propio destino.

Quisiera cerrar diciéndoles gracias a todos nuestros hermanos que conocí en esta visita; gracias a la familia Gallegos por abrirme las puertas de su casa, y a todos con quien compartimos historias; gracias por su valentía y por ser un motor de este país; gracias por su lucha incansable y por compartir conmigo sus vidas, ustedes hacen una enorme diferencia en la nuestra y esperamos algún día poder retribuirles toda esa ayuda que nos brindan, conscientes de que para lograr eso tenemos que poner más de nuestra parte.

*Empresario salvadoreño

@jccalleja