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Nuestros humanos derechos

Está finalizando el mes de la independencia, ojalá no así nuestro orgullo por esta hermosa Patria que nos acoge día a día con sus pesares pero también con sus esfuerzos.

Últimamente ha ido en decadencia la típica relación Estado e Iglesia, sin embargo cabe destacar que si la religiosidad fue siempre parte de nuestro pueblo, de nuestra historia, de nuestra independencia: ¿cómo se sigue respetando, hoy por hoy, esta relación? O más bien, ¿cuáles son realmente nuestros mínimos derechos?

Ulpiano lo decía, ya desde la época griega: "Vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo", no tenemos que saber griego para entender que Ulpiano no era un hombre conocido por su profunda fe, más sin embargo su descripción va cargada de un sentimiento de solidaridad, sabiduría y respeto, con hermosas pinceladas de un amor al prójimo, que solo en la Biblia podemos encontrar.

La cultura salvadoreña es más amplia que nuestras fronteras, pues cada ciudadano que ha emigrado de nuestro país por razones muy particulares a él, en sus haberes personales no solo lo acompañan sus sueños de un futuro mejor y los recuerdos que le lleva a su familia, sino más bien lo acompaña una visión personal muy clara de la justicia o injusticia que lo hizo dejar su país, por lo tanto el derecho y la cultura salvadoreña habitan en cada rincón donde vive un hermano salvadoreño.

Un país y su cultura se robustecen del Estado de Derecho, seguridad e independencia en que se viva, en que se respire y que se transpira, y si el estado de salud de un país avanza en forma galopante a un estado de salud grave, agonizante, crapuloso … dice mucho de la cultura de un país, pues no es leyendo a Don Quijote o a Roque Dalton que seremos ricos culturalmente, seremos inmensamente ricos cuando cada ciudadano no trabaje para las instituciones sino que las instituciones trabajen para el ciudadano, y los frutos que se vean sean la dignidad, la equidad y la solidaridad.

Los valores de un país son el punto de partida para crecer: debemos, pues, descubrir una nueva cultura antiautoritaria, espontánea y humana, más en un país sumergido y asfixiado como el nuestro, donde los antivalores, la alienación y el consumismo hacen que nos consumamos unos a otros.

Quizá si los países fueran evaluados por un neurólogo podríamos decir con toda certeza que El Salvador encabeza la lista de países con alzheimer: donde nuestra corta y chata memoria se viste de gala para olvidar nuestra historia y nuestra cultura, olvidando de dónde venimos y hacia dónde vamos, volviéndonos así un país impaciente e intolerante a veces.

Es importante que recordemos nuestra historia y que hagamos (a cada instante) honor a la inscripción de nuestra bandera, para tener como ideal de país: "Dios, Unión, Libertad".

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

randa@hasfura.com