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Nuestras queridas mujeres

El 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer. Yo quiero mucho y creo en las mujeres durante todo el año. ¿Qué haríamos sin ellas? Madres, abuelas, esposas, hijas, nietas, hermanas, tías, sobrinas, primas, novias, compañeras de vida, compañeras de trabajo y amigas. Y para quienes las aprecian, quieren y se entienden bien con ellas, suegras, cuñadas y jefas, sin olvidar las "ex", o como dice un buen amigo: "la apreciable madre de mis hijos". Siendo francos, pensamos que vivimos en un mundo machista, regido por hombres, pero en la realidad, nuestra convivencia se sustenta y es administrada y gestionada por las mujeres.

En la casa es ella quien consigue encaminar a la familia por la senda de la convivencia y se preocupa más que los hombres porque haya paz, incluso peleándose con otros para conseguirla.

Y en el trabajo, hay opiniones que aseguran y, creo ciertas, que las mujeres son más responsables y sensibles que los hombres y, además, realizan trabajos precisos, como los de contabilidad y la confección con alta calidad y productividad en el sector textil. Y en la política, porcentualmente tienen más éxito las mujeres que los hombres y ciertamente, las grandes mujeres de la política, han sido más drásticas y agresivas con sus medidas de recuperación económica. Seguro que al leer esto le vienen a la mente, por lo menos cinco mujeres exitosas en la política o como presidentas de sus países.

Poco a poco valientemente incursionaron en oficios y profesiones que hace medio siglo se consideraban exclusivamente masculinas, como la ingeniería, la arquitectura, la política, la investigación, el comercio, la dirección de empresas e incluso los viajes espaciales.

Lo que sí me entristece, es que muchas son víctimas de la crueldad de las modas y que para verse bien, se someten a torturas quizás innecesarias, por ejemplo, con los zapatos de tacones muy altos. Vi recientemente un reportaje médico en televisión, que describía con entrevistas a doctores especialistas en operaciones en los pies, pacientes y muchas radiografías, el sufrimiento de las mujeres por el uso continuo de los tacones altos de más de tres centímetros y me resulta incomprensible, cómo los diseñadores y la publicidad las convencen de que haciéndose daño se ven mejor. Evidentemente, los tacones altos realzan las piernas, los muslos y los glúteos, pero me parece a un costo posterior excesivo a medio y largo plazo. Me dijo una amiga que siempre lleva sandalias para manejar: ¡Y todo para que los hombres nos vean bonitas! Pero bien, al final y al margen de todos los adelantos tecnológicos en los que las mujeres, nuestras queridas mujeres, pueden desarrollarse, investigar, trabajar y demostrar sus capacidades, yo las admiro y respeto.

*Ingeniero . Columnista de El Diario de Hoy.

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