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Nuestra realidad

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El Salvador es un país atorado, paralizado, incapaz de pasar del consumismo al crecimiento impulsado por la productividad. Las buenas intenciones que manifiesta el Gobierno parecen ser del diente al labio. Nada se mueve, no hay decisiones, no hay inversiones, no se vislumbra un futuro. La mayoría de las empresas se encuentran en alas de cucaracha y no podrán afrontar los nuevos impuestos. Lo triste es que las promesas de beneficiar al pueblo se van a convertir en el encarecimiento de la vida para ese mismo pueblo. Excepto que habrá menos fuentes de trabajo, que se traduce en menores ingresos para la población.

¿Qué ha pasado con las reuniones con la empresa privada? Cuáles han sido los resultados. Sé que ha habido propuestas concretas y buenas recomendaciones para reactivar la economía. Pero parece que han caído en saco roto, porque los nuevos impuestos van a tener un efecto contrario al que se busca: incentivar la inversión. Los países que buscan crecimiento económico, que buscan reactivar su economías, más bien bajan impuestos, dan incentivos, reducen la burocracia y los obstáculos, ponen reglas del juego claras e invitan a inversionistas, dándoles todo tipo de facilidades y prerrogativas.

Sólo con nuevas empresas, nuevas inversiones, nuevos proyectos podemos tener crecimiento. No es a base de préstamos y de nuevos impuestos como un país va a salir adelante. En ese sentido, más bien estamos hundiendo al país y encareciendo la vida.

Por eso ahora hemos llegado a una coyuntura: o seguimos el mismo camino de los últimos cinco años: un equilibrio de bajo crecimiento que lleva a un estancamiento económico y expectativas incumplidas o adoptar, de la mano con la empresa privada, reformas y medidas audaces que puedan potenciar el desarrollo de la economía, el progreso y catapultar este país a otro nivel de crecimiento económico. Los gobernantes tienen la última palabra.

Pero si no hay una reacción de los que ostentan el poder y la economía sigue deprimida, la deuda externa creciendo, los precios internos subiendo y el desempleo aumentando, entonces los salvadoreños conscientes, responsables y patriotas les pasaremos la factura en las próximas elecciones. ¡El Salvador puede ser grande, exijámosles a nuestros gobernantes!

*Colaborador de El Diario de Hoy