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Nuestra nueva marca país

Tierra, agua, sol, abono y buena suerte son indispensables para que podamos comer tamales de elote y disfrutar una taza de café.

Pero también se necesita la capacidad del agricultor, periódicamente pulida por alguna consultoría, para combatir una plaga o sacar más quintales por manzana.

Visión, transparencia, capacidad y pureza de intereses políticos, son indispensables para que nuestros gobiernos den pie con bola en sus proyectos.

Pero también se necesita la experta opinión de asesores para saber cómo sobrepasar los obstáculos y concluir la obra a tiempo y en presupuesto.

Desafortunadamente, la mayoría de proyectos recientes se quedan cortos de lo arriba detallado.

Para muestra varios botones:

La Diego de Holguín, proyecto de tan solo 10 km., que tardó cinco años más de lo estimado en dejarse circular, y costó $100 millones, $ 75 millones arriba de presupuesto. Plata tirada en ineficiencia, en vez de invertida en seguridad, salud y educación.

La remodelación del aeropuerto, cuya primera fase nos iba a costar $ 115 millones, pero ya llevan gastados $ 300 millones, y aún no han terminado.

El misterio del SITRAMSS, con demasiadas dudas y manos peludas y, así como pintan las cosas, en operación tortuga para capitalizar su inauguración cerca de la próxima elección.

El hoyo abandonado, de más de $ 100 millones, llamado Chaparral.

El mentado Puerto de la Unión Centroamericana, millonario templo a la incapacidad, oxidándose desde el 2008, cerquita de una isla que nos divide con Honduras.

La marca país, proyecto a cargo de una agencia de diseño brasileña, lanzada y a los pocos días engavetada, gracias a que la sociedad civil le tiró tomates y se organizó en un movimiento denominado Colectivo País, para desarrollar una propuesta más acertada.

El menosprecio al talento nacional fue la chispa de este movimiento, cuyos propulsores recientemente develaron El Salvador +, nuestra nueva marca país.

Más que un logotipo (El Salvador +) y un slogan (El Lado Positivo del Mundo), la marca país, y sus aplicaciones, transmiten nuestra forma de ser: Luchadores, ingeniosos, cachimbones y alegres; cuerudos para salir adelante, expertos en hacer de tripas corazón, ¡para atrás ni para agarrar envión!

El Salvador + pretende eso, inyectarnos una dosis de positivismo que, aunque cueste, veamos el vaso medio lleno, que dejemos de enfocarnos en tanta cosa mala que nos abate, que seamos mejores personas que contribuyamos a la solución.

La cruzada de Colectivo País ya había llegado a mis oídos y, con agrado, me desayuné su creatividad, en El Diario de Hoy, durante las pasadas vacaciones.

Felicitaciones a sus pioneros pues, a diferencia de muchos proyectos de gobierno, ahora es una realidad, que gracias al amor al país y al arte, a los contribuyentes no nos costó ni un centavo.

Espero que el ministro Duarte realice el poder de una identidad que se entiende en cualquier idioma, y que la adopte en la publicidad de turismo.

Que el resto del gobierno, también aproveche la marca país "civil", pasando la página al fallido intento oficial.

Que las productoras y medios de comunicación, donen talento y "aire" para que la marca país nos contagie de buena vibras.

Que la Cámara de Comercio y la ASI incentiven a sus exportadores asociados a que sean embajadores de la nueva marca.

Que El Salvador + haga que vuelva a brotar la esencia salvadoreña para que vemos la vida desde una óptica más "happy".

A esta lista de esperanzas, se suma una innegable realidad: La dicha que hoy en día tenemos de poder organizarnos y tomar cartas sobre lo que no nos gusta. ¡Bien hecho Colectivo País!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com