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Nuestra joven Patria

Nuestra Patria cumple mañana 192 años. Es una Patria casi recién nacida, puesto que la vida de los países debe contarse en siglos, no en años. Y, según dicen los expertos, es durante la primera infancia que se adquieren los valores que constituirán, posteriormente, la personalidad (la idiosincrasia, para el caso) de cada quien. Es decir: estamos muy a tiempo de conformar una Patria maravillosa.

Además, El Salvador es joven porque la mayoría de su población es menor de 30 años. Debería, por lo tanto, ser un ejemplo de entusiasmo, alegría, innovación, deseos de superación. Por el contrario, la violencia se ha enseñoreado en demasiados muchachos, mientras el resto es víctima del miedo, la apatía y el desaliento. Y esos sentimientos negativos nos arrastran a todos.

Por supuesto que hay razones para sentirse así. Lo que no es comprensible, es sucumbir al derrotismo. Eso no es una característica, ni de la juventud, ni de la población salvadoreña. Hemos superado terremotos, huracanes, guerras y hasta malos políticos; hemos caído y sido heridos infinidad de veces, pero nos hemos levantado, sacudido el polvo y curado nuestras dolorosas heridas; estamos marcados por mil y una cicatrices, pero seguimos en pie.

Los viejos tenemos achaques, nos falla la vista, nos truenan todas las articulaciones, oímos con dificultad, pero no hemos perdido nuestro espíritu de lucha, seguimos diariamente dando todo nuestro esfuerzo por alcanzar el ideal de un El Salvador que progrese y se desarrolle en paz y con plena libertad. Y, por supuesto, esperamos que las siguientes generaciones logren todo aquello que nosotros no hayamos podido concluir. Es decir: nuestra fe y esperanza para un mejor país, están puestas en la juventud.

Pero nos entran dudas; muchos jóvenes se preocupan por El Salvador, pero otros ni siquiera han tenido interés en obtener su DUI. Según estos dicen, no lo necesitan porque no van a votar, por estar hartos de los políticos. ¡Como que con eso castigaran a los candidatos! Disculpen, pero esos muchachos no merecen el DUI porque su edad mental está a nivel de parvulario. ¡Qué falta de civismo!

Todos los salvadoreños con 18 años cumplidos tenemos la obligación de tener un DUI, acreditándonos como ciudadanos de El Salvador; éste sirve para obtener un empleo, abrir una cuenta bancaria, tener licencia de conducir, cambiar un cheque e infinidad de otras diligencias de la vida diaria. Y, sí, también sirve para votar.

El privarse voluntariamente de votar es lo que más sorprende de estos jóvenes. Porque si quieren cambiar las cosas, si aspiran a tener mejores políticos, si consideran que debemos recorrer otros caminos, el primer paso, absolutamente inevitable, es obtener su DUI para hacerse escuchar. Pero parece que solamente les interesa seguir quejándose y criticando. Quizá hasta sea preferible que personas tan carentes de civismo, no voten; votar es un derecho que sólo existe en las naciones libres y si alguien no lo aprecia, tampoco lo merece.

Y, mientras nos creemos con derecho a casi exigir al gobierno de EE.UU. una reforma migratoria que beneficie a nuestros compatriotas indocumentados, aquí tenemos a miles de salvadoreños que, rechazando obtener el DUI, rechazan "documentarse". ¡Qué ironía!

Preocupa nuestro destino nacional. Pido al Divino Salvador por ti, Patria mía; para que, algún día, tus hijos seamos dignos de esta nación que lleva el nombre del Redentor.