Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

¿Y nosotros somos o nos hacemos?

Hace unos 10 años, cuando tomó fuerza la izquierda comunista en algunos países de Latinoamérica con el apoyo de Hugo Chávez, muchos vimos con desagradable sorpresa cómo personas conocidas, que gozaban de cierto respeto, pertenecientes a la clase media y con una tendencia anti-comunista, comenzaron a manifestar simpatía por aquellos líderes o políticos socialistas, que se mostraban como verdaderos defensores de la democracia, capaces de lograr la unidad, la armonía y la recuperación del país.

Se rechazaba cualquier desconfianza que a manera de alerta manifestamos muchos y más bien, se insistía en que la amenaza estaba en los que no creíamos estos cuentos. Al igual que en otras etapas de nuestra historia, en el país se intensificaron los reproches y condenas hacia los gobiernos de derecha, tratando de desconocer los méritos y logros que evidentemente habían logrado desde el fin de la guerra.

Como esta corriente de "despertar populista y demagógico" fue ampliándose, surgió la publicación de un libro denominado "Manual del perfecto idiota latinoamericano", cuyos autores Carlos Montaner y Mario Vargas Llosa, explicaron ampliamente en muchas entrevistas que les hicieron. El libro describió y alertó sobre la increíble ingenuidad de personas que, aún siendo victimas de las corrientes socialistas y comunistas en sus países, apoyaban la idea de dar "un voto de confianza" a los comunistas para cambiar la vida de los pueblos de un "nivel bueno" a otro "nivel de maravillas" y sobre todo, con respeto a las leyes y a la institucionalidad y al fortalecimiento de la democracia con gobernantes decentes y capaces. Los autores sostenían que en base a la realidad de los gobiernos comunistas de Latinoamérica y otros países del mundo, esto jamás pasaría y quien pensara así, se constituía en un "perfecto idiota".

En el año 2009, este fenómeno se dio en El Salvador, cuando aparece la candidatura de un locutor sin formación y ninguna educación política, pero apoyado por movimientos civiles que lo respaldaron como el candidato del partido comunista FMLN.

Su campaña política se basó en ofrecer "el cambio" que haría del país, el mejor lugar del mundo para vivir: con trabajo, con seguridad, con más educación y mejor salud. Y muchísimos salvadoreños actuaron como "perfectos idiotas" entusiasmados y creyendo estas grandes mentiras para terminar votando por él.

Después vinieron las elecciones del 2014 y entonces ya mucha gente había descubierto que fueron burlados y que el gobierno además de incompetente resultó también corrupto y prepotente; pero entonces ya el gobierno había extendido su control en todas las instituciones del país (menos en la Sala de lo Constitucional) y las elecciones fueron ganadas con un escaso margen de 6000 votos y los fuertes señalamientos de fraude que muchos aseguraron que se hizo.

Ahora la cosa es más delicada. El gobierno necesita una Asamblea Legislativa que esté completamente bajo su control para hacer lo que le venga en gana apoyado en decretos legislativos o en nuevas leyes; además, desea ganar la Alcaldía Municipal de San Salvador y otros municipios importantes y estratégicos para tener un control territorial absoluto. Para lograrlo nuevamente están haciendo una publicidad millonaria basada en datos y hechos falsos y prometiendo una cantidad de mentiras que ni siquiera un país desarrollado del primer mundo podría cumplir. Todo se vale. Hay una alianza entre el FMLN y los demás partidos (como siempre) y eso deja en claro que nuevamente la voluntad de los votantes se moverá entre la derecha representada por ARENA y la izquierda comunista representada por el FMLN.

Si realmente queremos cambiar y sacar al país de esta debacle en que se encuentra, en estas elecciones se debe rechazar a todos los candidatos tránsfugas, a los corruptos, a los incompetentes y a los prepotentes, sean hombre o mujeres; solo así se quitaría al FMLN los puestos de poder y control… siempre y cuando no exista ya un plan para anular votos de ARENA, para atemorizar a los electores que votan por la derecha y para invalidar los reclamos y denuncias que se den por las irregularidades en los resultados.

Los salvadoreños debemos demostrar que podemos ser ingenuos pero jamás tontos o idiotas y que no permitiremos que el FMLN se burle otra vez de nuestros anhelos, sueños y ambiciones.

*Colaborador de El Diario de Hoy.