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Y nosotros ¿qué deseamos alimentar?

Como salvadoreño y como funcionario opto por trabajar por un país próspero, unido y seguro

Hace unos días me compartieron por redes sociales la antigua leyenda Cherokee que describe la conversación de un abuelo que dice a su nieto: “Hijo, hay una batalla entre dos lobos en el interior de todos. Uno es malvado. Vive de enojo, celos, codicia, resentimiento, inferioridad, mentiras y egoísmo. El otro es bueno. Se nutre de alegría, paz, amor, esperanza, humildad, amabilidad, empatía y verdad”. El joven, permaneció pensativo por un instante y luego preguntó: “Abuelo, ¿cuál lobo ganará la batalla?” A lo que él tranquilamente respondió: “aquel que tú alimentes”.

Esta historia me parece propicia para que cada uno de nosotros como individuos pero también en conjunto, como país, reparemos en ella y nos preguntemos ¿qué deseamos alimentar? ¿Acaso es el miedo, la desesperanza, la confrontación, la polarización? ¿O será la valentía, la esperanza, el diálogo y la unidad? Pienso que cada día, consciente o inconscientemente, debemos reflexionar qué opción estamos eligiendo.

La lección más grande y valiosa que nuestra historia reciente nos ha enseñado es que aún cuando nuestras diferencias parezcan irreconciliables, la mejor decisión que podemos tomar es trabajar juntos por el futuro de nuestro país.

Teniendo como experiencia la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador se ha convertido en un ejemplo para otras naciones, al promover la resolución de conflictos a través del diálogo pacífico, así como lo señalara el secretario general de la Organización de las Naciones Unidos, Ban Ki-moon.

Sin embargo, pareciera que hemos empezado a olvidar el espíritu que nos permitió avanzar en el camino de la democracia, la reconciliación y la paz; camino en el que reconocimos como iguales a quienes no pensaban como nosotros.

Constantemente surgen acciones y mensajes de diversos sectores que refuerzan la polarización. Muchas veces buscan alimentarla con los problemas de inseguridad que nos aquejan o con temas y conflictos internacionales que poco tienen que ver con nuestro país.

En ocasiones, los señalamientos se concentran en las relaciones diplomáticas que ejerce el Gobierno de El Salvador, sin considerar que cada una de las acciones de nuestra política exterior, independientemente del país con el que se realicen, tienen como objetivo velar por los intereses de la nación y contribuir al desarrollo en el corto, mediano y largo plazo.

Los aportes que países y organismos internacionales puedan hacernos para crecer serán siempre bien recibidos, especialmente si nos impulsan a buscar diálogos y promover la unidad de nuestro pueblo.

Tenemos mucho trabajo que hacer y muchos proyectos por realizar en los que contamos con amigos en todo el mundo que quieren ayudarnos. Pero de nada servirá, mostrarnos como un país enfrentado entre sí, incapaz de sumar esfuerzos para solventar los verdaderos problemas que nos aquejan.

Esta reflexión no significa que debamos negar las dificultades que tenemos por superar, sino que, al contrario, para librarlas nuestra mejor opción es mostrarnos como un solo pueblo consciente de sus necesidades pero dispuesto a trabajar unido para solventarlas. Que alimentemos juntos los anhelos de paz, justicia, equidad y bienestar de nuestro pueblo.

Como salvadoreño y como funcionario opto por trabajar por un país próspero, unido y seguro. Creo fervientemente que los cambios en beneficio del país que hemos logrado nos deben enorgullecer a todos porque son el resultado de nuestras acciones y, asimismo, juntos como un solo pueblo debemos asumir los desafíos que se presenten.

Ojalá esa vieja leyenda, con la que inicié este espacio de opinión, nos permita preguntarnos cada día, en cada acción, en cada palabra, qué estamos alimentando en nuestro país y en nuestras vidas.


*Ministro de Relaciones Exteriores.