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Necesidades e incongruencias nacionales

El país hace tiempo que tiene una tasa de natalidad por debajo del crecimiento cero. Si le preguntan al hombre de la calle, si somos pocos o muchos la mayoría le dirían que estamos superpoblados o sea que se tragaron la propaganda de la Internacional Antinatalista, aceptando el control natal como bueno, porque la cultura de la muerte tiene, como su finalidad primordial, que seamos cada vez menos en beneficio suyo.

La realidad es que ningún país puede salir adelante con un suicidio demográfico, es decir, cuando en él se muere más gente de la que nace. Hay que añadir que ese descenso sistemático de la natalidad se ha hecho sobre todo a expensas de la clase alta y de la clase media, por lo que, en proporción, vamos teniendo cada vez más gente pobre y además con pocas fuentes de trabajo y la mayoría mal pagadas. No es raro que entonces, en esos ambientes, aumenten los mareros. En consecuencia la gente en edad activa emigra, ahora también los niños, con lo que el problema demográfico se agrava. Y no cabe compensar ese problema, como pasa en los países europeos que también están en suicidio demográfico, admitiendo inmigrantes de otros países. ¿Quiénes querrían venir a trabajar en El Salvador?

Ante esta situación, nuestro nuevo gobierno, que esperamos que algún día comience a trabajar en vez de viajar y hacer declaraciones, deberá desechar radicalmente el engaño de seguir con la salud sexual y reproductiva, que es justamente lo contrario de lo que dice, e implantar un programa, principalmente dirigido a los más pobres, de verdadera educación sexual como el que triunfa en varios países africanos, basado en la castidad con abstinencia sexual antes del matrimonio y en fidelidad conyugal en el matrimonio con el respeto debido a la esposa y madre de los hijos de ese matrimonio, dejando el condón sólo para los brutos que no entiende ni de castidad ni de fidelidad. Además se debe mejorar el programa de atención maternal, fomentar las familias numerosas, incluyendo premios a los matrimonios estables que crían y educan más de tres hijos.

No queramos engañarnos. Todas las propuestas ideológicas de la cultura de la muerte no son en beneficio de El Salvador ni de ningún país. Es el modo eficaz de corromper moralmente a cualquier sociedad y hacerla más manipulable. Y no vengan pensando o diciendo que todas sus mentiras ideológicas son de izquierdas y progresistas porque no hay que ser Sherlock Holmes para averiguar quiénes son los que se benefician sometiendo a los países en desarrollo o subdesarrollados con la cultura de la muerte: una serie de millonarios (Rockefeller, Ford, Bill Gates, etc.) y de instituciones suyas o que ellos dominan: la ONU, la OMS, el Fondo de Población, la UNICEF, Amnistía Internacional, International Planned Parenthood Federation (I.P.P.F), la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, The Population Council, The Sierra Club, The Worldwatch Institute y otros muchos.

Si seguimos así ¿por qué se sorprenden en los hospitales y en las páginas de la prensa de que vaya aumentando la maternidad en solteras adolescentes de 12 a 14 años. ¿Qué formación moral están recibiendo? ¿Qué tipo de educación sexual? Un médico amigo mío me contó, cuando atendía medicamente zonas muy pobres, el caso frecuente de adolescentes que quieren quedarse embarazadas porque sus amigas y vecinas de barrio se burlan de las que todavía son vírgenes.

En los programas de Educación debería insistirse en que el despliegue de la personalidad y la creciente autoestima se basan en ejercitarse desde niños en una serie de virtudes humanas (sinceridad, lealtad, laboriosidad, honestidad, honradez, solidaridad, civismo, etc.), explicando cómo son necesarias para una auténtica felicidad y para el progreso social del país. ¿Faltan valores? No lo sé, pero sí es evidente que faltan las virtudes correspondientes que hacen realidad esos teóricos valores. Y falta el convencimiento de que el progreso de cualquier país requiere no sólo crecimiento económico sino también un fuerte crecimiento moral.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com