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Necesidad de más recursos para salud

La salud y el bienestar de las personas están estrechamente relacionados. Tan es así que cuando se le pregunta a la gente cómo está, las respuestas que brindan con mayor frecuencia suelen vincularse al estado de salud. A ello probablemente se debe que, en 1946, la Organización Mundial de la Salud conceptualizó a la salud como «un completo estado de bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o incapacidad».

Ciertamente puede ocurrir que una persona se encuentre enferma, pero que debido a su fortaleza espiritual y emocional esté experimentando bienestar y se sienta feliz. El nivel de salud de la población, sin embargo, es uno de los indicadores que mejor expresa su calidad de vida. No es casual, por lo tanto, que contar con la oportunidad de tener una vida prologada y saludable sea una de las tres opciones seleccionadas para la construcción del Índice de Desarrollo Humano. Por la relevancia que tiene para la gente, la Constitución de la República establece en el artículo 65 que «La salud de los habitantes de la República constituye un bien público», y que «El Estado y las personas están obligados a velar por su conservación y restablecimiento ». El artículo 66 asigna además al Estado la responsabilidad de dar asistencia gratuita a los enfermos que carezcan de recursos, y a los habitantes en general cuando el tratamiento constituya un medio eficaz para prevenir la diseminación de una enfermedad transmisible.

En El Salvador, la prestación de servicios de salud es realizada fundamentalmente por el Sistema Nacional de Salud (SNS) creado en 2007 e integrado por el Ministerio de Salud (MINSAL), el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), Sanidad Militar, el Instituto Salvadoreño de Bienestar Magisterial (ISBM), el Fondo Solidario para la Salud y el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos. Además de estas instituciones, el sector privado y algunas ONG proveen servicios de salud, estas últimas, principalmente, en el área preventiva.

Aunque luego de la creación del SNS, el MINSAL supervisa a las otras entidades del sector público, en la práctica, no ha sido capaz de eliminar la fragmentación, tanto en su financiamiento, como en la forma de prestación de servicios. Cada entidad opera con presupuestos autónomos, con normas propias de compras y contrataciones, con sistemas de información particulares y cada una controla los pedidos de sus propios insumos y medicamentos.

Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, para 2012, el 40.9% de la población que enfermó no hizo uso del sistema de salud, lo que evidencia un grave problema de déficit de atención. De la parte de la población que sí hizo uso (59.1%), el 66.3% acudió a las diferentes dependencias del MSPAS, el 12.4% al ISSS, el 17.4% al sector privado y el 3.9% a otros establecimientos.

Esta estructura de atención evidencia también un problema serio de falta de equidad, ya que estimaciones realizadas para diferentes años indican que el gasto per cápita del MINSAL equivale a menos de la mitad del gasto per cápita del ISSS y Sanidad Militar y a menos de un tercio del gasto per cápita del ISBM. La falta de equidad también se aprecia en que el gasto privado en salud, representa cerca del 40% del gasto nacional. Esta situación contrasta con la de países vecinos como Costa Rica y Panamá, que poseen una estructura de gasto más congruente con el principio de garantizar el derecho a la salud a toda la población.

En congruencia con lo anterior el sector salud salvadoreño, que ya desarrolló una reforma importante en la administración presidencial anterior, continúa esperando una reforma de mayor envergadura al menos en dos ámbitos. El primero, consiste en liberar una mayor cantidad de recursos hacia el sector, especialmente de los dirigidos hacia el MINSAL. Cabe señalar al respecto que entre 1998 y 2008 el gasto nacional en salud expresado como porcentaje del PIB se redujo de 8.3% a 6.2% y, aunque en los últimos años se ha recuperado, llegando a alrededor de 6.8% en 2013, todavía está muy por debajo de su máximo histórico, así como del requerido para brindar servicios de salud de calidad a toda la población salvadoreña. El segundo, se refiere a la necesidad de crear un sistema nacional de salud más integrado, para lo cual, primero, hay que continuar mejorando la cobertura y la calidad de los servicios proporcionados por el MINSAL.

Para darle la prioridad que se merece, la sociedad salvadoreña y su clase política deben reconocer que, como dice Emerson, "la primera riqueza es la salud".

*Economista Jefe PNUD.