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Necesidad de campañas limpias y propositivas

El país se encuentra convulsionado, en una crisis política que se manifiesta en el campo económico y social, complicándose más por un atentado a la institucionalidad democrática. Constantes choques entre los poderes del Estado, legislación con títulos bonitos pero de cuestionable contenido y una agenda que avanza en la toma de las instituciones por el partido oficial, siguiendo una guía ya aplicada con éxito en varios países que pertenecen a la órbita del socialismo del Siglo XXI tales como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, entre otros.

Los intentos de tomarse la CSJ, la Corte de Cuentas, PDDH, así como las legislaciones del Fonat y la ley de "blindaje" de candidatos presidenciales, son algunas de las últimas manifestaciones de esta enfermedad, que puede dar al traste con la democracia y agravar todavía más nuestros problemas de incertidumbre, inseguridad y bajo crecimiento económico. Éste último, reconocido internacionalmente como el más bajo de la historia reciente del país, impide el desarrollo social e integral de nuestra población, ya que crecer al 1.3% tomaría casi 70 años en duplicar nuestro ingreso per cápita nacional. Todo esto aumenta la desesperanza que se manifiesta en emigración masiva e inestabilidad social, produciendo más escepticismo en cada elección.

Ahora, además, tenemos una campaña adelantada, llena de hipocresía. Algunos candidatos y funcionarios quieren aprovechar sus números favorables en la Asamblea Legislativa para pasar leyes que los proteja y les dé ventaja. Por ejemplo, la ley de blindaje a candidatos y el poco transparente decreto Ejecutivo con que pretenden ocultar a la población información que le permita tomar mejores decisiones, a la cual como ciudadanos tenemos derecho de conocer.

El próximo gobierno, cualquiera que resulte electo, va a enfrentar el monumental reto de sacar al país de una postración económica, complicada con un gravísimo problema de seguridad. Al mismo tiempo se han elevado las expectativas de la gente que espera que el Estado les resuelva sus problemas, mientras éste se encuentra con un alto déficit fiscal y un endeudamiento que ha llegado a los limites más altos de la historia del país.

Varios proponen un diálogo social en el que pareciera sólo querer escuchar lo que les gusta o les conviene sin aceptar los compromisos de disciplina y sacrificios necesarios para llegar a entendimientos, que permitan encontrar soluciones realistas y viables. Todos estamos de acuerdo en la importancia de la educación, la necesidad de un mejor sistema de salud, la protección del medio ambiente y la mejora de nuestra infraestructura básica. Es, además, indispensable aumentar nuestra productividad y competividad pero nadie ha dicho hasta el momento cómo, cuándo, quién y con qué se pueden realizar.

En materia de seguridad, todos estamos concientes del grave problema que representa la violencia social, el crimen organizado, el narcotráfico y las pandillas. Sin embargo hay enormes divergencias sobre el diagnóstico de las causas que los producen y por ende ausencia de soluciones realistas a ser implementadas. En muchos países están combatiendo estos problemas invirtiendo en políticas con enfoque de familia.

Como salvadoreños debemos exigir a los políticos responsabilidad en el cumplimiento de sus promesas, eficiencia en el uso de nuestros escasos recursos, transparencia en sus acciones poniendo siempre el interés nacional por encima de egoístas intereses partidarios personales.

*Columnista de El Diario de Hoy.