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La Natividad del Señor

Sin lugar a dudas la historia del natalicio de Jesús está llena de datos extraordinarios; sin embargo lo que debe sorprendernos cada Navidad es el extraordinario significado de esta fecha.

Aun cuando los Evangelios de San Mateo y San Lucas nos narran con detalle la genealogía y el nacimiento de Jesús durante el reinado del emperador Augusto (37 aC a 14 dC), estos no abordan fechas probables sobre su nacimiento, de igual manera los primeros cristianos no solían celebrar el natalicio del Señor. Ellos celebraron por mucho tiempo como día de nacimiento, la fecha de muerte y posterior resurrección de Jesús, pues era el momento del nacimiento a la vida eterna. 

 No fue hasta el año 221 de nuestra era, que Sexto Julio Africano (160 – 240 dC), historiador conocido como el «padre de la cronografía cristiana» ofrece evidencias indirectas que el natalicio de Jesús era el 25 de diciembre. Fue hasta el año 274 dC que el llamado «dies natalis Solis invictus» o el día del nacimiento del Sol Invicto, que indicaba cómo el Sol producía la victoria de la luz sobre la oscuridad de la noche más larga del año. Siendo esta una fiesta pagana que celebraba el solsticio de invierno que así se transforma formalmente en una fiesta de naturaleza cristiana; formulando un paralelo que despliega la justificación de las expresiones bíblicas «El Sol de Justicia» y «La Luz del Mundo», profecías que se encuentran en Malaquías y el Evangelio de San Juan y que claramente se refieren a la persona de Jesucristo.

Durante esos primeros años la celebración de la Navidad se realizaba honrando a la «Divina Familia» en las pequeñas comunidades eclesiales que conformaban los primeros cristianos. No fue hasta el año 1225 en la ciudad Italiana de Greccio, que por primera vez se representa físicamente la natividad de Jesús, atribuyéndosele a Francisco de Asís quien realiza el día 25 de diciembre una celebración de gran solemnidad para glorificar el nacimiento del niño Jesús. Durante los años siguientes estas celebraciones se restringieron a los conventos, capillas e iglesias, hasta que en el siglo XV se comenzó a elaborar figuras de cerámica y barro en donde en un principio se les daba un tamaño diferente a cada figura según su importancia bíblica; así no era de extrañar que el niño Jesús fuese de mayor tamaño que su madre María y José, estos de mayor tamaño que los «Reyes Magos» y los pastores. Práctica que aun hoy en día es observada en la elaboración de algunos nacimientos navideños. Consecuentemente, a partir de la Edad Media hasta la época actual, el Nacimiento de Cristo se ha convertido en uno de los temas que mayor expresión han tenido en el mundo cristiano con representaciones iconográficas variadas en donde las figuras de José, María y el Santo Niño son personificados en un pesebre junto con los famosos magos, que la tradición ha nombrado y personificado como el anciano Melchor, el de piel blanca Gaspar y Baltazar de tez morena, en un intento de globalizar la adoración que toda la población rendía al recién nacido Salvador. Además no falta de origen apócrifo la presencia del buey y la mula, así como de otros animales que adoran al niño, por lo que no es raro observar gallos en una anticipación a la época en que Pedro negara al Señor o como vemos actualmente en los «nacimientos» que se realizan en nuestro país, la presencia de vendedores y tortilleras o incluso de figuras de jugadores de fútbol en un intento de contextualizar los aspectos religiosos con los eventos de la vida actual. No puede faltar la estrella que nos dirige al sitio del nacimiento divino.

Sin lugar a dudas la historia del natalicio de Jesús está llena de datos extraordinarios sin embargo lo que debe sorprendernos cada Navidad es el extraordinario significado de esta fecha; hagamos el propósito que este sentimiento nos acompañe durante todo el año.

*Dr. en Medicina
Colaborador de El Diario de Hoy.
aguilarjoya@yahoo.com