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Nada es imposible

El Salvador también ha dicho presente en Kona, Hawaii, isla adonde JP, en dos ocasiones, ha  nadado 3,900 m, pedaleado 180 km y corrido una maratón, distancias para calificar como Ironman

Adivina adivinador, ¿qué hembra o varón no se quiere morir sin correr una maratón?: a) Luciana Sandoval b) Guillermo Gallegos c) Carlos Callejas.

Lo crea o no lo crea, la respuesta correcta es b), ¡El diputado Gallegos!

 Así lo confesó cuando, en nombre de los 84 magníficos, recién le entregó a mi chero, y compañero de pista, Juan Pablo Gálvez (JP), la distinción honorífica como Atleta Distinguido de El Salvador.

Honor a quien honor merece.  JP está alambrado con acero, determinación, y disciplina, ha cruzado metas de maratones (42 km, 195 m) en diferentes latitudes como México, Los Ángeles y Nueva York. Gota tras gota, ha ondeado nuestra bandera en Marruecos, después de correr 240 km en el Sahara. ¡Uff qué calor!

 Una constante batalla, entre el mal y el bien, se libra en cada prueba. El diablito, con ganas de que tiremos la toalla; el angelito empujando, un paso a la vez y, al detener el reloj, preguntando: ¿Cuándo es la próxima?

La próxima para JP fue ascender a la utopía Himalaya del Dalai Lama, y correr 160 km más cerquita de Dios.  Ommmmmmm. Qué honra ver la foto de nuestro azul y blanco, frente a unos imponentes picos nevados. ¡Viva El Salvador!

Chiche no es. El dulce sabor de misión cumplida, solo se saborea con un estilo de vida de entrega y enfoque. Un par de horas antes que saliera el sol, aparecía JP, listo para correr 25 km, mochila en lomo, cargada con 25 libras de frijoles.

Enfoque no solo en rigurosos entrenos, sino que también en sana alimentación, adecuada hidratación (no se vale mucho jarabe) y profundo descanso (cama si, discoteca no).

En el closet de un atleta, hay más tenis que charol, más shorts que pantalones. Su cocina, repleta de botes de proteína y pólvora de carbohidrato. Su botiquín, de curitas, desinflamatorios, aceite para masajes y pomadas con mentol.  
 
Le guste o no le guste a la mujer de un atleta, la “niña” de dos ruedas, se luce en la sala no se esconde en el garaje. (¿Entendido, Gaby?).
Corriendo sin fronteras, fue otra hazaña por la cual ahora contamos con un distinguido deportista. Después de un par de meses de logística, y con el también distinguido patrocinio de marcas inteligentes, JP se despide un miércoles de la chapina, Torre Reformador, y arranca, en Dodge patas, con la meta de besar los pies del Salvador del Mundo el domingo.

235 km más tarde, con ampollas destripadas, riñones deshidratados, tufo a mono y una constante batalla entre su diablito y su angelito, JP cumple su cometido, abrazando con pasión s su mujer, ansiando un merecido baño de agua caliente, y un suculento guiso de su madre. Ni Atlacatl corrió tanto.

Pero no solo de correr vive el deportista. El Salvador también ha dicho presente en Kona, Hawaii, isla adonde JP, en dos ocasiones, ha  nadado 3,900 m, pedaleado 180 km y corrido una maratón, distancias obligatorias para calificar como Ironman. Fuera sombreros.

Diploma cholotón han recibido, en el Salón Azul, otros distinguidos salvadoreños por los que también me quito la gorra: El sonsonateco César Menéndez por su intensa obra de arte; el payaso Pizarrín por amelcochar el corazón de niños y grandes; el talento de Jhosse Lora por hacernos  mover el atol de elote y a mí me gustan las pupusas.

En esta ocasión, aplaudo que la Asamblea crea en el deporte, como antídoto a la violencia, como medicina natural del buen vivir. En su discurso, de aceptación el homenajeado, luciendo traje de sastre y tenis de corredor, les pidió a los diputados: “levanten la mano a favor del deporte”. Así sea.

Asumo que los 32 millones del nuevo palacio legislativo, cortesía del pueblo, alcanzarán para un gym más chivo que el World's.  Si no, confío que el atleta distinguido, con gusto entrenaría a Gallegos, y otros, para que no mueran sin correr una maratón.

Imposible nada.
 

*calinalfaro@gmail.com
Colaborador de El Diario de Hoy