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Nada extraordinario

Estamos apenas a un mes de la instalación del nuevo gobierno. Ya anunciaron la designación de algunos cargos de relevancia. Sin embargo, aunque en el discurso se habla de diálogo, apertura y concertación, la incorporación de miembros externos al FMLN se limitará a los aliados durante las elecciones. Es cierto que no ha habido oferta de meritocracia, pero sería ideal que el nuevo presidente se rodeara de los mejores hombres y mujeres en términos profesionales, personales y éticos con la única condición de poner primero los intereses del país.

De momento los nombramientos han sido en parte los esperados. Cuadros probados del partido y profesionales de izquierda que apoyaron a la fórmula del FMLN, incluyendo a un empresario. Ciertamente no podemos acusar al presidente electo de ofrecer algo diferente a lo que nos está dando, pero tenemos todo el derecho de exigirlo y esperarlo. Ya la legislación electoral obligará en los gobiernos municipales a tomar en cuenta a la oposición. No podemos esperar menos en el gobierno nacional.

De momento parece más de lo mismo con mayor énfasis en la necesidad de la afiliación partidaria. Nada extraordinario. ¡Sorpréndanos, señor presidente electo! Debemos atrevernos a incursionar en alianzas con personas de las más capaces, de las más íntegras y de las que más quieren a los salvadoreños para constituir un gobierno diferente. Sólo con ideología y lealtades, que pueden ser cuestionables, no resolveremos los retos que tenemos enfrente. Se necesita capacidad y experiencia.

La conformación del equipo humano que liderará los destinos del país en los próximos cinco años todavía es un tema abierto y un reto para el presidente electo. Pero también hay otro que es relevante resolver antes de la toma de posesión. El diálogo político incipiente no puede volverse estratégico si no se desactiva la persecución e intimidación política. El presidente Funes decidió arremeter contra todo lo que se movía. Abusó de un programa de radio para atacar a todos sus contrincantes y adversarios políticos.

Promovió la criminalización de políticas de Estado como el caso CEL-ENEL, que lamentablemente retomó la Fiscalía General de la República. Un esfuerzo inútil que únicamente incrementará los gastos gubernamentales y que aumentará la desconfianza de los inversionistas extranjeros. Atacó irresponsablemente a los involucrados en el exitoso proyecto de Infocentros. Manejó hábilmente información de iniciativas de inversión extranjera de PROESA para también lograr un impacto político. Quizás el único caso que tiene algo de sustancia es el de los millones de Taiwan, que curiosamente ahora usa su presidencia para financiar su programa y su política de denigrar a los adversarios y contrincantes. Pero incluso en este último caso abusó de su posición, hizo uso de información privilegiada y entorpeció la función pública de otras instituciones del Estado.

Todo esto debe cambiar y las señales políticas emanadas de la Asamblea Legislativa no permiten sustentar las palabras del profesor Salvador Sánchez Cerén. Gracias a las intervenciones de los diputados de ARENA supimos que el presidente había estado de viaje y que de madrugada se había trasladado del aeropuerto de Ilopango hasta la residencia presidencial. Y aunque nunca deben permitirse acciones ilegales, debemos tomar en cuenta que los políticos están expuestos a un nivel mayor de escrutinio que el ciudadano común y corriente. Hay además que considerar que el mismo presidente fomenta tales suposiciones al mantener ese ambiente de secretismo.

El presidente electo debe comenzar a enviar señales claras del tono de su gobierno. La elección de las personas es importante, pero también el desactivar la confrontación y permitir que el diálogo y el espíritu constructivo se conviertan en elementos claves de su gestión. La política sucia que ha estado tan prevalente debe eliminarse. En sus manos está, señor presidente electo, comenzar a caminar por este nuevo sendero y construir una democracia más sólida.

*Columnista de El Diario de Hoy.