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Un mundo peligroso

Al revisar lo que está sucediendo en los "puntos calientes" del globo terráqueo, pareciera que el mundo está patas arriba. Cuando --para muestra un botón-- en agosto del año pasado el dictador sirio Bashar al-Asad hizo caso omiso de la "línea roja --"the red line"-- que le había trazado el presidente estadounidense Barack Obama y utilizó gases químicos en contra de sus adversarios, la guerra en esa nación tomó un matiz diferente y se nutrió de ella el "Estado Islámico (ISIS)", que es a quien los países occidentales consideran ahora la peor amenaza para su seguridad.

El "Estado Islámico" quiere, entre otras cosas, borrar las fronteras establecidas hace un siglo por británicos y franceses en territorios que controlaron, donde se encuentran Siria e Irak, países a los que de manera acelerada les gana terreno; ISIS (siglas que en idioma inglés se refieren al "Estado Islámico") ha venido capturando importantes ciudades así como importantes refinerías ubicadas tanto en Siria como en Irak, país en el que, hay que decirlo, hubo un retiro apresurado de tropas estadounidenses. Al presenciar con horror crímenes con características del medioevo, el dilema para los países occidentales es qué hacer ante una situación en deterioro que constituye verdadera amenaza.

Ad interim, fuerzas ucranianas prorrusas, con "el apoyo" de su madre patria, inician la guerra en Ucrania tomándose en un principio la estratégica península de Crimea, desde donde tiene salida la flota naval rusa hacia el Mar Negro y, últimamente, la totalidad de la franja de Ucrania que colinda con Rusia, incluido el lugar donde meses atrás fue derribado un avión de pasajeros.

Las sanciones económicas impuestas a Rusia por los países occidentales podrán tener efecto en el mediano a largo plazo, pero por el momento Putin, quien sueña por recuperar la fortaleza que en su momento tuvo la Unión Soviética, ha venido ganando la actual partida del complejo ajedrez internacional.

El conflicto en Gaza, mientras tanto, dejó miles de muertos hasta que por fortuna se logró un cese al fuego por la mediación de Egipto. Esto es lo que acapara la atención prioritaria en Washington D.C., donde la popularidad de Barack Obama se encuentra en un punto muy bajo; en Londres, David Cameron anunció fuertes medidas para trackear las relaciones ISIS-Reino Unido y apoya con armas en Siria a fuerzas moderadas; en Berlín, Angela Merkel visitó a su homólogo de Ucrania y le ha mostrado fortaleza a Putin, y en París, de tal magnitud es la crisis política que viven Francois Hollande y los socialistas --en especial desde las revelaciones que hace en su libro su ex esposa Valérie Trierweiler-- que no creo que le quede mucha cabeza para algo más.

Ante semejante escenario internacional lo que vivimos en América Latina parecería no ser tan malo, en comparación con los "puntos calientes" alrededor del mundo. No sería tan malo de no existir sufrimiento humano, que es lo que al final llevan a su gente los regímenes autoritarios de la nueva oleada en nuestro Hemisferio, llevándose por mucho Venezuela el lugar en el que pocos quisiéramos llegar a estar. Porque, ¿cómo se explica que pueda un país tan rico estar tan virtualmente quebrado, con las consecuencias que en sufrimiento humano ello implica? En sufrimiento humano y en descomposición social, ya que su "modelo" --el de la "Revolución Bolivariana"-- se desgrana.

Ojalá acá en El Salvador, donde se encuentra cumpliendo cien días el segundo gobierno del FMLN, las realidades terminen imponiéndose al menor plazo posible, ya que si de lo que se trata es de intentar sacar adelante al país, llevando con ello alivio en el proceso a nuestros hermanos salvadoreños en mayor necesidad, pues hará falta la luz y la razón y una buena dosis de trabajo en conjunto para conducir a nuestra Patria hacia mejores derroteros y a estadios superiores de superación y de progreso.

Esperemos que sea así.

*Director Editorial

de El Diario de Hoy.