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Un mundo centrífugo

Es fácil constatar que así como se cantó “Video kill the radio star” a principios de los años ochenta, ahora el mundo parece estar tarareando “Android kill the TV star”…

Mientras en El Salvador muchos parecen empeñados, generalmente por motivos ideológicos, en centralizarlo todo, el mundo va justamente en dirección contraria. La tecnología está posibilitando una atomización de los centros de control. Nunca como hasta ahora la información ha sido tan valiosa, y nunca como en estos días ha estado repartida entre tantas personas.

Lo anterior no quiere decir que todo sea público, ni mucho menos. Pero en comparación a cómo era el mundo hace solo un par de décadas, condiciones como las posibilidades de conocimiento, de manejo de información, de establecer relaciones comerciales por medio de la tecnología, etc., han evolucionado tanto como jamás alcanzó a soñar ni el más calenturiento autor de relatos de ciencia ficción. 

Veamos dos campos, para ejemplificar: la nueva economía colaborativa, y la pérdida de relevancia de los grandes medios de comunicación. 
En cada vez más ciudades, si uno quiere moverse de un lugar a otro, abre la aplicación “Uber” en el teléfono, marca en el plano dónde se encuentra y hacia dónde quiere ir, e inmediatamente en la pantalla aparecen los vehículos (todos privados) disponibles en las cercanías, el precio del viaje y el tiempo que tardaría en recogerlo a uno, además del tiempo total de toda la operación. Así, el cliente puede hacer un balance de tiempo, costo y calidad del servicio (pues están disponibles calificaciones del transportista hechas por otros usuarios, un sistema de control de calidad muy eficaz) y contratar el que le parezca mejor. Cuando llegas al destino, no tienes ni siquiera que pagar en efectivo: la aplicación ya habrá descargado el importe de tu cuenta bancaria y abonado el mismo en la del “taxista” de ocasión. 

Uber concretó una tendencia que ya es imparable: el encuentro mejor entre oferta y demanda, posibilitado por una plataforma tecnológica; un sistema que facilita encontrar alojamiento en casas particulares y contratar servicios profesionales: desde reparaciones domésticas hasta servicios financieros, pasando por peluqueros y chefs; y un etc. que cada día crece más. 

Se trata de una economía abierta que permite a cada persona convertirse en empresario, y a todos poder escoger sin tantas trabas ni regulaciones los servicios que necesitamos, de un modo que ni los más osados liberales habrían podido prever. 

Por otro lado, respecto a los grandes medios de comunicación, es fácil constatar que así como se cantó “Video kill the radio star” a principios de los años ochenta (es sabido cómo este videoclip inauguró la programación de “MTV” en 1981), ahora el mundo parece estar tarareando “Android kill the TV star”… De hecho cada vez menos gente ve televisión, depende de agencias de noticias para estar informada, y lee los grandes periódicos impresos.

Ahora la información se obtiene en Twitter, las películas se ven en las computadoras o en los “Smart TV”, proveídas por servicios de “streaming”, y ya no hace falta reservar tiempo para ver noticias. Todo está disponible las veinticuatro horas del día en cualquier lugar del planeta (eso sí, con la condición de que haya conexión de banda suficientemente ancha para conectarse), y cualquiera puede subir contenidos a la red. Un tuit puede desencadenar la caída de unas acciones en las bolsas, o el triunfo de un político en su campaña para ser electo. 

Estamos en el momento del blog, del videoblog para ser más exacto, del “periscope”, que te permite transmitirte a ti mismo en vivo e incluso interactuar con tus espectadores. 

Estamos, en definitiva, ante una nueva democratización (¿vulgarización?) de la información, ante un empoderamiento generalizado sin precedentes. Quien lo pierda de vista, y se empeñe en seguir teniendo todas las sartenes por el mango comprobará, más temprano que tarde, que ha sido desplazado del centro del poder, las finanzas o la información porque, simplemente, ya no habrá nada que monopolizar. 


*Columnista de El Diario de Hoy.
@carlosmayorare