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La moral, la política y la guerra

Hay un gran número de columnistas de diarios o panelistas de radio y televisión, los llamados analistas, que viven despotricando en contra de los políticos o de la clase política o de la política en general. Por supuesto que las críticas se hacen desde una supuesta altura moral en la que el analista permanece y desde donde mira, con cierto desprecio al político.

Por supuesto que no todos los analistas, columnistas, panelistas y similares son iguales. Los hay muy bien intencionados y los hay quienes son mucho más inmorales que los políticos a los que critican con tanta vehemencia. Los segundos generalmente hacen sus críticas morales, porque no tienen la posición política que anhelan. Una vez la consiguen se vuelven igual o peores que los criticados. De eso hay bastantes ejemplos que todo mundo conoce.

Con los bien intencionados lo que ocurre es que me parece que tienen una confusión bastante común en casi todas las sociedades. Me refiero a que creen que la política y la moral deben ir de la mano porque de esa manera las sociedades serán mejores. Pero el asunto aunque es lo deseable, que moral y política fueran de la mano, no es la realidad y nunca lo ha sido. Lo que la historia ha confirmado es que la política es un ámbito y la moral otro. Ámbitos, también lo ha demostrado la historia, más bien contradictorios que complementarios.

No solo el tan vilipendiado y casi siempre mal leído y peor interpretado Nicolás Maquiavelo, sino otros intelectuales de diferentes épocas se han referido a este tema y han llegado a similares conclusiones que el filósofo italiano. Y me refiero a intelectuales de todas las ideologías. Y es que la política es la ciencia, el arte dicen algunos, del poder. Conquistarlo, tenerlo, retenerlo, pelearlo. El poder.

Wikipedia ofrece en su entrada una definición bastante angelical de la política: "La política (del latín politicus relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano) es una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por mujeres y hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común".

Sin embargo, esa no ha sido la historia. Más acertados han estado sobre la definición política pensadores como Max Weber, Karl Marx o Maurice Duverger y el mismo Carl Von Clausewitz el, de la famosa cita "La guerra es la continuación de la política por otros medios". Y ciertamente la política en cuanto a ciencia o arte del poder está más cerca de los principios de la guerra, que de la moral.

La guerra tiene el mismo objetivo que la política: el poder. Y sea la conquista del trono, un territorio para someterlo o la presidencia de la República en una sociedad moderna. Los resortes psicológicos que disparan las conductas y estrategias de los políticos y de los guerreros son los mismos aunque en ámbitos diferentes.

El objetivo principal del guerrero es quebrar la voluntad de combate del enemigo usando todos los medios posibles. Y para el político igual: acabar con el adversario utilizando las estrategias que sirvan al objetivo. Solo así se puede entender cómo un hombre tan sensato, Harry Truman, según su biografía, buen esposo, austero y cristiano, autorizó el lanzamiento de dos bombas atómicas que mataron a centenares de miles de inocentes incluyendo, como se suele denunciar en estos casos: ancianos, mujeres y niños.

El poder, como se ha demostrado, es adictivo. Entre más se tiene, más se quiere. Los partidos políticos no son, pues, una fraternidad o una congregación religiosa. Son instrumentos de poder y quienes lo conforman quieren ese poder. Lo que hagan con él es otra cosa. Pero generalmente, salvo grandes excepciones, el poder cambia a las personas no solo en sus procederes sino también hasta en sus rasgos físicos.

Por ello quienes se acercan a los partidos políticos de forma idealista, o esperando encontrar almas generosas y creen aquello de que "yo estoy aquí por amor al país", se llevarán un gran chasco y probablemente se irán. El tema amerita una segunda parte.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com