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La moral y su incidencia en el desarrollo de los pueblos

l mayor problema en naciones del Primer Mundo como de aquellas en vías de desarrollo no necesariamente es el económico, de explosión demográfica o el terrorismo. El problema es de carácter moral. Un ejemplo de esto lo tenemos en Estados Unidos, país que nació y se desarrolló en sus inicios sobre los principios y valores que inspira la palabra de Dios. Nadie ignora que en sus comienzos fueron hombres temerosos de Dios los que gobernaron, aquellos que de lunes a viernes se hallaban en Washington y el fin de semana regresaban a sus iglesias para adorar y predicar a Jesucristo. Fue entonces que se leía la Biblia y se oraba en las escuelas antes de cada jornada; muchas ciudades llegaron a denominarse con nombres bíblicos, como Bethesda y Damascus en el Estado de Maryland, por mencionar algunas. Fue en aquellos tiempos que se decidió la inscripción "en Dios confiamos" en su moneda, y mucho más.

Pasando rápidamente la hoja, hoy vemos una nación en decadencia dado el auge que fue tomando la inmoralidad en todas sus expresiones. Ahora es aceptable el matrimonio homosexual en muchos estados, la promiscuidad no sólo es permitida sino hasta favorecida. Quien difiera de la opinión generalizada de todos esos fenómenos permisivos es visto como retrógrado o desactualizado. Las tinieblas han avanzado sobre la luz, el hedonismo en lugar de la construcción de familias legal y sacramentalmente correctas y el humanismo en lugar del teísmo.

Está probado que a la decadencia de los pueblos siempre le anteceden fenómenos de moralidad. Científicos de diferentes culturas y épocas lo dicen. Por ejemplo, el historiador británico Arnold Joseph Toynbee, especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones y en ella descubrió que de las 21 civilizaciones más notables de la historia, 19 perecieron no por haber sido conquistadas, sino por la decadencia interior. El antropólogo inglés Joseph Daniel Unwin llegó a la conclusión de que la desintegración familiar socava la sociedad y la civilización. Según él, la familia desempeña una crucial e irreemplazable función social. El sociólogo estadounidense de origen ruso y profesor de Harvard University, después de analizar varias culturas a través de distintos continentes extendiéndose por miles de años, encontró que virtualmente todas las revoluciones políticas que llevaron al colapso social estaban precedidas por una revolución sexual en la que el matrimonio y la familia fueron descuidados y devaluados.

El matrimonio tradicional es esencial para una sociedad sana. La familia natural, compuesta por un padre, una madre y sus hijos, siempre ha sido la base de toda sociedad saludable y exitosa. Nada más, nada menos.

Ahora veamos cómo andan las cosas en nuestro querido El Salvador. Según una reciente encuesta que realizó la Universidad de Salamanca a los diputados de la Asamblea Legislativa, el 84% de ellos dicen ser religiosos, en su mayoría católicos. Entonces nos preguntamos ¿por qué un significativo grupo de ellos, sobre todo del partido oficial, aboga por la desnaturalización del matrimonio? ¿Por qué se muestran permisivos en lo relacionado a la legalización de matrimonios del mismo sexo? ¿Es esto lo que cree y desea la mayoría de la población salvadoreña? ¡No es otra cosa que incoherencia política! ¿Por qué no en lugar de buscar el apoyo de nuestros hermanos católicos y evangélicos en las próximas elecciones no ratifican la ley que prohíbe y cierra las puertas de una vez por todas a dichas uniones? Desengavétenla y ratifíquenla para demostrar coherencia entre el hablar y el actuar.

Esa doble moral no se podrá mantener por mucho tiempo. Mostrarse piadoso ante la población creyente mientras se trata de destruir todo orden familiar establecido por Dios es absurdo. Recuerden que vuestra transitoriedad es inevitable, hoy están, pero mañana no. ¿Por qué prestarse para que la sociedad salvadoreña caiga en la misma decadencia en que otros han caído?

*Pastor General Iglesia Cristiana Shekina.