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Molido pero contento

Qué irónico, pasé echando la soca por más de cinco horas, y subir la gradita del pódium fue tortura china.

Esta vez el pódium estaba al final de 1,900 metros nadando en las aguas saladas, y con chorrera, de la Bahía de Jiquilisco; más allá de 90 km pedaleando en medio de Corral de Mulas; después de correr 21 km bajo un bravo sol que disparaba 36 grados de mercurio.

Para subir a lo más alto del pódium, faltaba dejar comiendo polvo a un chapín quien, desde el 95, siempre me derrotó en las triatlones del Triángulo Norte. ¡Pero esta vez, el muñeco se quedó en casa!

Nos vemos en Tikal en agosto, me retó Pipo desde la grada más baja del pódium. Sí, pues, le responde este triatleta escritor. "A la voz Corral del Diablo, pónganle a esta vaina. Yo no vi ni una mula, pero sí sentí el infierno", agregó el colega.

Y para que Pipo coma polvo, hay que meterle. Meterle a entrenos enfocados y frecuentes de natación, ciclismo y carrera; aprender a respirar profundo para calmar el chacalele, y llevar oxígeno adonde aparece dolor; convencer a la mente que tirar la toalla no es opción; cambiar la dieta chatarra por la orgánica; la discoteca por el gimnasio.

También es bueno tensionar los músculos con pesitas, estirarlos con asanas (posturas) de yoga, y relajarlos en posición de sabasana (cadáver), en el mat, en la hamaca y en el firme colchón.

Pero el pódium de Corral de Mulas, no hubiera estado allí, sin el impecable operativo que montaron el Team Bicimanía Herbalife (TBH), organizador y patrocinador oficial.

Un operativo cargado de logística para garantizar, en cancha tan remota, seguridad, hidratación, esponjas con agua casi congelada, deliciosos batidos de proteína, mágicas manos fisioterapistas y un ambientazo tal si fuese el carnaval de San Miguel.

Prueba superada con creces. Gracias TBH por estimular las endorfinas de un creciente ejército de triatletas. ¿Cuándo es la próxima?

Gracias también a las marcas patrocinadoras por creer en el deporte, y por su generosidad, regalándole a la comunidad jiquilisqueña, muestras de sus productos, camisetas, pelotas y muñecas.

Qué "chivo" que los lugareños nos recibieron con aplausos y "sí se puede", y que hayan puesto hasta el último plástico en su lugar. ¡Claro que sí se puede inculcar respeto por nuestro precario medio ambiente!

El único pero de la 1a. Triatlón Bahía de Jiquilisco 70.3 es que, los que lucimos con orgullo el t-shirt de Finisher, quedamos molidos pero contentos. Aunque no contentos de estar molidos, agrega mi gusanito interior.

¿Por qué 70.3? Es la distancia total en millas. Si no me cree, saque el celular: Sume 1.9 + 90 + 21.1, y divida el resultado entre 1.6. ¡Ya ve!

Los 120 participantes aplaudimos también a los 240 voluntarios, por sus sonrientes porras, a pesar de semejante garrobeada. ¡Puros negritos del batey quedamos!

Pero como afirmó el abogado Machado, en lo que compartíamos los tiempos y una cervecita después de la meta: Gracias sobre todo al Colocho, pues no dejó que a ninguno nos diera telele, ni que nos enchillaramos más comprando terreno. Por permitirnos entrar y salir, de un territorio controlado, enteros y con todo y bici.

¡Yo sé pero no lo digo a qué doctor le sacó carrera un marero, tatuado hasta el cereguete, al amenazarlo con que si no corría como hombre lo iba a cachimbear!

Cierto, "mi niña" regresó a dormir a la par de mi cama, aunque esa noche no logró visa pues estaba salpicadísima de suvenir de vaca. Perdón por no bañarte el mismo día, pero es que estaba molido pero contento.

Contento, por regresar sano y salvo, con muñeco, $150 y productos Herbalife. Feliz, como una lombriz, por la sensación de prueba superada y las ganas de seguir metiéndole.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com