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“No me molestes, mosquito”

Las autoridades sanitarias, de seguridad, defensa o gobernación no han sugerido ninguna medida extraordinaria o innovadora, como incluir a las fuerzas armadas en la lucha contra el zancudo o dotar a los ADESCOS —organizaciones comunitarias&

Hace unos días el Ministerio de Salud nos sorprendió con una medida absurda: pidió a las mujeres de El Salvador no embarazarse en los próximos dos años. La razón: el zancudo Aedes Aegypti —el transmisor de los virus del Dengue, Chikunguña y Zika— ha puesto en riesgo a la población. Esta medida desesperada no es una respuesta de miedo a un zancudo, sino a la falta de capacidad del Estado de hacer cumplir las normas dirigidas al bien común.

Los esfuerzos realizados para controlar la malaria en el país tomaron cerca de medio siglo, y contra el dengue llevamos cerca de 30 años tratando de controlarlo (según cálculos propios a partir de la muerte de un tío por dengue hemorrágico en 1986).

El Ministerio de Salud declaró alertas con el apoyo e intervención del Sistema Nacional de Protección Civil, y anunciaron medidas en línea con recomendaciones brindadas por la OPS/OMS: entre ellas, jornadas de fumigación, campañas de concientización para la prevención y la eliminación de criaderos del zancudo. Pero la amplia expansión del virus del Zika y la limitada capacidad del Estado para responder oportunamente son indicadores de la falta de previsión de riesgos.

Los primeros responsables son los que planifican el presupuesto del Gobierno en Casa Presidencial. El presupuesto debería contener no sólo lineamientos claros en caso de emergencias nacionales, sino también mecanismos que permitan que el Gobierno cuente con los recursos necesarios y sistemáticos para la prevención.

El actual Fondo de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres tiene una asignación fija anual de $4 millones, que se utiliza únicamente cuando hay una Declaratoria de Emergencia Nacional. Pero lo que requiere el país es un fondo acumulativo para emergencias nacionales o catástrofes naturales, que pueda ser utilizado en temas de prevención y respuesta, como es el caso de posibles brotes, terremotos, sequías, inundaciones, etc. Además, tenemos que considerar la descentralización de un porcentaje de estos recursos a los Gobiernos Municipales. Este Fondo debería dotarse con un porcentaje del presupuesto nacional anual ( un 2 % como mínimo).

Mientras el Ministerio de Salud le lanza la bola de la responsabilidad a las mujeres, al Estado salvadoreño no le ha interesado movilizar medios contra el Zika, quizás por inexistentes. La Asamblea, por ejemplo, no ha organizado un debate sobre la crisis sanitaria. Y las autoridades sanitarias, de seguridad, defensa o gobernación no han sugerido ninguna medida extraordinaria o innovadora, como incluir a las fuerzas armadas en la lucha contra el zancudo o dotar a los ADESCOS —organizaciones comunitarias— de equipos de fumigación. Tampoco ha adoptado sanciones contra quienes reiteradamente ignoran los “consejos” para eliminar criaderos de zancudos en sus casas.
   
En contraste, Brasil ha tomado medidas decisivas: repartir repelentes a las mujeres embarazadas y a la población más vulnerable y en mayor riesgo, y movilizar a 220 mil integrantes de las Fuerzas Armadas en la campaña de información contra el mosquito; así como optar por los mosquitos transgénicos después de los resultados positivos obtenidos al reducir la presencia del zancudo transmisor del virus en uno de sus municipios.

Es indispensable considerar un escenario futuro en el que tendremos que enfrentar nuevos brotes. El empoderamiento de la ciudadanía y las comunidades es fundamental. Además, un enfoque regional de la salud es indispensable, y más aún, cuando ya existe una Política Regional de Salud en el marco del SICA.

Me alegra que el señor Presidente haya podido cumplir su sueño al traer al grupo infantil de teatro cubano “La Colmenita”. Yo le pido que cumpla este otro sueño realizable: un país en el que se luche de manera eficaz contra plagas endémicas. Que la única propuesta radical del Estado en esta batalla de vida y muerte sea esperar que las mujeres no se queden embarazadas, es como esperar que aquel estribillo que cantaba The Doors podría ser el conjuro para mantener esta epidemia controlada: “¡No me molestes, mosquito!”.
 

*Columnista de El Diario de Hoy.
@cavalosb