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El mito de la “reinserción social”

La “reinserción social” alcanzó su mayor auge en la administración del expresidente Funes, hablaba de la misma como si transformar asesinos en mansas ovejas solo es soplar y hacer botellas

En términos prácticos los sicarios, violadores en serie, asesinos que mutilan a las víctimas, psicópatas, extorsionadores reincidentes y demás delincuentes con personalidad antisocial no son candidatos para ser rehabilitados porque poseen una estructura mental y actitudinal casi imposible de revertir de ahí que en los países del primer mundo ya no pierden el tiempo ni los recursos en ellos, sencillamente los encierran de por vida o les aplican la pena capital.

Todavía más improductivo es querer dialogar con los cabecillas no solo porque carecen de autoridad sobre la infinidad de grupos y subgrupos que disputan territorios sino también porque su vocación delictiva les impide asumir responsabilidades de convenios, además ¿qué puede pedir un violador en serie, un curtido sicario o un cruel asesino de mujeres y niños en un diálogo negociación? ¿Más comodidades en sus celdas, que les permitan objetos ilícitos o visitas íntimas más frecuentes? ¡Obviamente no se les puede complacer porque están castigados de acuerdo con la ley y el cumplimento de ésta no es objeto de negociación!

Naturalmente hay delincuentes susceptibles de rehabilitar específicamente los que no tienen mente criminal y que caen en delitos por sus ambiciones, egoísmos, falta de control, abusos, etc. Y en ese sentido es mucho más rehabilitable una ama de casa sin antecedentes penales que en un arranque de celos mató al marido que un pandillero que no siente culpa, remordimiento, compasión ni vergüenza.

El ambiente salvadoreño se empezó a llenar con eso de la “reinserción” y otros términos ambiguos con el advenimiento de la Ley del Menor Infractor que protege a los delincuentes que comienzan a cometer ilícitos desde los once o doce años de edad, además de facilitar a los pandilleros mayores que los utilicen como brazo armado y en otras tareas delictivas amparados en su impunidad. Al fin de cuentas el objetivo mayor de rehabilitar a los menores tarda en llegar y por hoy no es más que el éxito del fracaso.

La “reinserción social” alcanzó su mayor auge en la administración del expresidente Funes, hablaba de la misma como si transformar asesinos en mansas ovejas solo es soplar y hacer botellas. ¿Cumplía el mandatario de ese entonces una directriz ideológica partidaria de sus patrocinadores? Quién sabe, lo cierto es que los gobiernos de izquierda tienden a politizar la delincuencia en general y en su habitual retórica la consideran como un subproducto del neoliberalismo, de la burguesía y de la desigualdad casi en la misma forma como victimizan los pobres para levantarlos en contra del sector productivo empresarial.

 ¿Será que la “reinserción social”, una especie de inclusión, es una maniobra política para congraciarse con alguna gente del bajo mundo, sobre todo marginados que no estudian ni trabajan, para darles esperanzas para luego utilizarlos y manipularlos en épocas electorales?

A más de siete años que el expresidente Funes hablaba de programas para “reeducar” y “resocializar” delincuentes ya es tiempo de conocer sus resultados. Ante el escaso impacto de los anteriores en el quehacer delincuencial cotidiano por su peso caen algunas interrogantes como las siguientes: ¿Se trata de programas “hechizos” más tirando a propaganda que proyectos fundamentados en un diagnóstico, elaborados e implementados por expertos? ¿Funcionan con presupuestos suficientes con planes de trabajo anuales y metas técnicamente planeadas o les toca “arañar” inmersos en grandes lipidias? y ¿existen cifras de producción fiables como por ejemplo número de nuevos pandilleros que entran al sistema cada año, numero de pandilleros que se rehabilitan cada año, porcentaje de estos últimos que consiguen trabajo, tasa de reincidencia en fase de confianza, etc.?


*Doctor en medicina. 
Colaborador de El Diario de Hoy.