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La misma fiesta, diferente chivo

i el presidente de la República amanece haciendo llamadas a la Procuraduría y llamándole al Fiscal para ver cómo inician acciones en contra de un ciudadano, cualquiera pensaría que de por medio hay un gravísimo delito atentando contra la seguridad nacional. En Venezuela, no es necesario semejante requisito. Escribir una columna sobre el delicado estado actual de las finanzas venezolanas es suficiente para despertar la ira del presidente Maduro y desencadenar un linchamiento mediático y persecución judicial.

Así quedó demostrado con el reciente incidente en que Maduro, haciendo que su apellido pareciera una ironía tragicómica, dedicó varios minutos de incansable diatriba en la televisión estatal venezolana para arremeter en contra del columnista y profesor de Harvard Ricardo Hausmann. El pecado de Hausmann fue simplemente hacer uso del área en la que se especializa (entre los logros de su currículum, Hausmann puede presumir de haber ocupado el puesto de economista principal del Banco Interamericano de Desarrollo, así que más de alguna cosa sabrá sobre macroeconomía y política monetaria), para publicar una columna sobre la catastrófica administración financiera que ha dejado en deplorable estado a las arcas de uno de los países más ricos en recursos de América Latina.

Maduro acusa a Hausmann, entre otras cosas, de querer hacer daño económico a Venezuela, de ser uno de los "sicarios financieros… de la oligarquía financiera (sic)". Nada en el contenido de la perorata se dedica, ni por cerca, a debatir de manera racional cómo a pesar de la bonanza en los precios de crudo, las finanzas del país se encuentran en números rojos. Podrá el presidente Maduro declamar la prosa de las ficticias teorías de conspiración que trama todo el que se permite a hablar de Venezuela, pero ninguna de sus acusaciones explica de qué manera sacará a su país del hoyo en el que imprimir billetes para poder financiar déficits fiscales los ha metido.

Lo expuesto por Hausmann en su columna era la simple descripción, desde la perspectiva académica, de una tragedia anunciada. ¿O no es trágico que se les haya limitado a los venezolanos (sólo a los de a pie o a los que carecen de conexiones) la compra de divisas internacionales para evitar que hagan lo que quieran con su patrimonio, obligándolos a ahogarse con una divisa que dentro de poco comprará lo mismo que un billete de Monopoly? Por el momento, Venezuela gana la carrera de países con mayor inflación a nivel mundial, y con algunas vueltas de ventaja. Los controles de precios introducidos por el gobierno han causado escasez de medicinas y productos básicos que afectan de manera desproporcionada a los más pobres.

Por señalar esto, Hausmann es tratado como criminal, mientras libres de rendir cuentas, empresarios venezolanos (apodados "los boliburgueses") que confiesan deber su éxito económico a sus conexiones gubernamentales, exhiben sus fortunas en Europa y Estados Unidos de una manera que hace ver a La Fiesta del Chivo, la exitosa obra literaria de Vargas Llosa, como un reality show. También de manera idéntica al libro, el presidente abusa impunemente del poder seleccionando a sus víctimas por razones políticas. Al final, es la misma fiesta, sólo que con diferente chivo.

* Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezgS