Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Misericordiae Vultus: Jubileo extraordinario

La iglesia da al jubileo un significado espiritual: Perdón general, indulgencia, renovación de la relación con Dios y el prójimo, profundización de la fe y compromiso renovado de testimonio cristiano

Nos encontramos en el “Año Santo Jubilar”. Dios quiere demostrar a la humanidad el Rostro de su Misericordia. En una solemne ceremonia el Papa Francisco inauguró el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, el Año Santo extraordinario de la Misericordia que había convocado con la Bula “Misericordiae Vultus”.

 Los jubileos tienen su origen en el judaísmo. Se celebraba cada 50 años. Los beneficios eran significativos: Se restituía la igualdad de todos los israelitas, los esclavos recuperaban su libertad, las tierras descansaban todo el año. La iglesia católica los celebra desde el año 1300, pero en ocasión de acontecimientos especiales, los Papas han acostumbrado convocar “Años Extraordinarios”. El Jubileo de la Misericordia ha sido convocado en ocasión del “quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II”.

Entre los gestos simbólicos de un Jubileo se encuentra la apertura de la Puerta Santa. “Entrar por la puerta”, dijo en la homilía Francisco, significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno”. Jesús mismo nos ha dicho: “Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento”. (Jn. 10,9).

La iglesia da al jubileo un significado espiritual: Perdón general, indulgencia, renovación de la relación con Dios y el prójimo, profundización de la fe y compromiso renovado de testimonio cristiano. La “Puerta Santa” simboliza la llamada de Dios: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”. (Apoc. 3,20). Todos estamos invitados a abrir la puerta de nuestro corazón a Dios: Las familias, los grupos eclesiales, los que necesiten de la misericordia divina. Somos pecadores, El Papa Francisco con mucha humildad ha dicho: “Soy pecador, me siento pecador, estoy seguro de serlo; soy un pecador al cual el Señor ha mirado con misericordia. Soy un hombre perdonado, Dios me ha mirado con misericordia y me ha perdonado. Todavía ahora cometo errores y pecados, y me confieso cada quince o veinte días. Y si me confieso es porque tengo necesidad de sentir que la misericordia de Dios está todavía en mí”.

El llamado a la conversión es permanente, pero este año nos toca en forma especial. El Papa nos ha dicho: “es una invitación a la conversión, Pienso en modo particular en los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción”. 

Estamos invitados a fortalecer nuestra vida cristiana aprovechando los aspectos positivos de este año. Muy hermosa la reflexión de San Ambrosio: La Biblia dice: “y Dios vio que esto era bueno”, pero cuando hizo el hombre y la mujer la Biblia dice: “Dios vio que esto era muy bueno”. ¿Por qué dice muy bueno?, ¿por qué Dios está tan contento después del hombre y la mujer?. “Porque al final tenía a alguien a quien perdonar”. La alegría de Dios es perdonar.


*Sacerdote salesiano.
Colaborador de El Diario de Hoy.