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Mis idas y venidas en el curso de varios comicios presidenciales

He hecho cuentas y resulta que he cubierto siete campañas electorales presidenciales.

Entre José Napoleón Duarte, en los años Ochenta, hasta las actuales campañas de

Norman Quijano y Sánchez Cerén, ha corrido mucha tinta que permanece impresa en varios medios informativos, nacionales e internacionales.

Las campañas de Duarte y Alfredo Cristiani fueron no solo muy peligrosas, literalmente en medio de las balas, sino también de gran intensidad ideológica porque fue en ese período en el que el país conoció el férreo enfrentamiento entre derecha e izquierda.

Sin duda las elecciones más "apretadas" y que "generaron más ansiedades" fueron entre Mauricio Funes y Rodrigo Ávila, sobre todo porque fue la "primera vez" que la llamada izquierda se frotaba las manos para convertirse en la alternancia en el poder; por unos 60 mil votos obtuvo la presidencia el FMLN. Aunque las elecciones entre Duarte y Roberto d'Aubuisson así como entre Armando Calderón Sol y Rubén Zamora, se definieron en segunda vuelta, como hoy ocurre en 2014.

Durante esas jornadas no solo me ha tocado reportar las campañas, sino además analizar las estrategias electorales que pasaron de la plaza pública al ciberespacio, con el uso de teléfonos y comunicación en línea al mundo de la web y las redes sociales, sin olvidar que también se ha producido un tránsito de los tamales y café al marketing político; como parte de esta labor he entrevistado a los candidatos y, por supuesto, a los presidentes electos. Con excepción del actual mandatario que no ha querido conceder al Diario ni a mi persona ninguna entrevista en sus casi cinco años de gestión, he entrevistado a los últimos cinco gobernantes antes que él en muchas ocasiones.

No creo que nuestros lectores se hayan perdido de mucho al no contar con el actual presidente en las páginas de El Diario de Hoy, sobre todo porque a diferencia de los anteriores gobernantes, el actual mandatario ha tenido una "sobre exposición" en los diferentes medios, propios y extraños, pero no para dar noticias y desarrollar un gobierno de "puertas abiertas", como se decía antes, sino porque ha tenido una intensa actividad en la campaña proselitista a favor del FMLN. En todo caso, él se ha perdido de llegar a la audiencia de este Diario.

Los temas duros y difíciles como el caso de la corrupción y la vinculación de esta con ARENA, han sido implantados con cierta disciplina por el actual Presidente de la República, en la opinión pública y se han convertido en temas de campaña. Incluso, nadie ha impedido que ayer mismo el gobernante tuviese su programa de radio proselitista, por cierto financiado en parte por la cooperación taiwanesa. Esperemos que este día, durante los comicios, no haya una batería de spots televisivos de la presidencia como ocurrió en la tarde del pasado 2 de febrero, cuando se llevó a cabo la primera vuelta.

No me cabe duda de que en estas elecciones la "novedad" de la campaña ha sido esto, el FMLN ha logrado orquestar con tiempo y paciencia la campaña propiamente electoral en torno a su fórmula presidencial montada en la marca de partido, con la del gobierno y las buenas obras, con la labor de "ablandamiento" de la empresa social Alba y las denuncias del presidente.

También es cierto que el Tribunal Supremo Electoral, con sus altas y bajas, incluso con algún magistrado saliéndose del "guacal institucional" y haciéndose del "ojo pacho" en graves transgresiones al código electoral o sancionando con cierto sesgo a la oposición política, dio los resultados de la primera vuelta con bastante agilidad, alrededor de las diez de la noche; esperemos que este día lo haga igual y que pronto los salvadoreños conozcamos al presidente y vicepresidente del período 2014-2019.

Me parece que de cara al futuro, al menos tres cosas habría que mejorar y profundizar para los próximos comicios presidenciales: uno, la clase política y los partidos deben reconvertirse y acercarse más al ciudadano, sin duda una ley de partidos, la democracia interna y la claridad en cuanto al financiamiento partidista puede ayudar mucho; dos, institucionalizar el TSE y diferenciar su labor administrativa y su gestión como tribunal electoral, y tres, debatir, discutir, dialogar entre las diversas fuerzas políticas al interior de las campañas políticas, no hacerlo sería replicar lo que ocurrió en esta campaña: cero debate.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com