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Mirar al norte

Últimamente, a raíz del paquetazo fiscal, se está hablando bastante de impuestos. En el discurso se traen a cuento los países nórdicos, como ejemplos de regímenes socialistas en los que los impuestos y la productividad son altos, el tamaño del Estado es grande y los servicios sociales de calidad. Hasta el punto de que hay quienes consideran que Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, bien podrían convertirse en el modelo a seguir por cualquier gobierno de izquierda que se precie.

Sin embargo, aun cuando en ellos el Estado es gran protagonista, y la carga fiscal es muy pesada, catalogarlos como países con economía socialista es un error muy frecuente.

Es verdad que tienen fuertes cargas tributarias, y que el nivel de gasto público es elevado, pero también es cierto que en otras áreas de política económica están entre las naciones más libres del mundo.

El Fraser Institute utiliza cinco indicadores para determinar la libertad económica de los países: 1. Tamaño del Estado, 2. Sistema jurídico y derechos de propiedad, 3. Solidez de la política monetaria, 4. Libertad de comercio internacional, 5. Regulaciones de los mercados crediticio, laboral y comercial.

Según su último estudio, cuatro de los países nórdicos están entre los primeros cuarenta del mundo. De los países latinoamericanos, solo Chile (11) y Perú (22) están entre los punteros. El Salvador está en el puesto 73, y los países suramericanos -los modelos a imitar-, ocupan el 153 Venezuela, y 134 Ecuador.

La Heritage Foundation también publica su estudio, y en él los países nórdicos se encuentran entre los treinta mejor calificados, El Salvador ocupa la posición 53, Venezuela la 174, y Cuba la 176. Es decir, los cinco de "economía socialista" en los primeros puestos, nosotros a media tabla, y los otros solo dos puestos arriba de Corea del Norte (que ocupa el último lugar).

Las conclusiones caen por su peso: no se trata solo del tamaño del Estado, ni del monto de los impuestos, sino de la eficacia de la gestión gubernamental. Aquí estamos inflando cada vez más el aparato estatal y la cantidad de impuestos que se quieren cobrar a quienes generan riqueza; pero la eficiencia, y ya no se diga la eficacia, del Estado dejan mucho, mucho qué desear.

¿Qué es lo que hace que los países nórdicos estén tan bien posicionados en la clasificación, a pesar de que cuentan con un Estado enorme e impuestos onerosos? El puntaje que alcanzan en el resto de indicadores: sistemas jurídicos sumamente confiables, transparentes y eficientes; fuerte y sana protección de la propiedad privada; manejo sensato y ortodoxo de la política monetaria, que hace que el promedio de la inflación anual sea de 1.96, en contraste con el 6.38 en Latinoamérica, por no hablar de Venezuela que cerró el año con 56.1 % de inflación anual.

Con todo, el mejor indicador lo tienen en el clima de inversión, y en las escasas trabas burocráticas y políticas reguladoras para el emprendimiento privado; con lo que logran, además, quitar de un plumazo el caldo de cultivo preferido por la corrupción.

Entonces, más que países socialistas, los cinco nórdicos están entre los países más liberales del mundo. Ya se ve que cuando los izquierdistas criollos los ponen de ejemplo, o son ignorantes, o en realidad lo único que quieren copiarles es su alto nivel de impuestos.

Y ni eso, pues en el norte de Europa, la carga fiscal fuerte está en la renta personal y en el consumo, justo lo contrario que aquí, donde se grava constantemente a las empresas y sus utilidades en lugar de hacer pagar a las personas. Allá quien más gasta más paga, aquí se quiere que pague más quien gana más.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare