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Migraciones y desencuentro de racionalidades en el mercado laboral

Las reformas económicas neoliberales impulsadas en El Salvador pretendían compatibilizar las racionalidades económicas de los empresarios y los trabajadores al buscar altas tasas de crecimiento y una mejor distribución funcional del ingreso, mediante el aumento y diversificación de las exportaciones intensivas en mano de obra y el aumento de la productividad laboral. En el escenario visualizado, los trabajadores saldrían beneficiados porque disminuiría el desempleo y el subempleo, y porque sus salarios reales tenderían a incrementarse a medida que aumentara la productividad laboral. Los empresarios también se favorecerían al ampliarse el mercado por el aumento del poder adquisitivo de los trabajadores y porque las ganancias de productividad reducirían sus costos de producción, mejorando así su posición competitiva y sus ganancias.

Algo de esto ocurrió entre 1990 y 1995. Se registró alto crecimiento económico, aumentó la productividad laboral y disminuyó de forma sensible la subutilización laboral. Aunque los salarios reales no aumentaron, tanto los trabajadores como los empresarios se sentían bastante satisfechos con los resultados. Este ambiente de optimismo y armonía de intereses, sin embargo, se fue modificando en los años siguientes como consecuencia de ciertos cambios en la dinámica del mercado laboral aparentemente irracionales.

Por ejemplo, ¿cómo se explica que la falta de empleo sea una de las principales preocupaciones de la población, a la vez que muchos empresarios se quejan de no encontrar suficientes trabajadores nacionales para ciertas actividades? Para algunos, la respuesta a "la falta de mano de obra" radica en que muchos salvadoreños se han vuelto haraganes debido a las remesas que les envían sus familiares desde el exterior. La realidad, sin embargo, no es tan simple.

Las expectativas de los trabajadores con relación al tipo de empleo y a la remuneración, por ejemplo, se han modificado por varios motivos. Primero, porque su nivel educativo está aumentando, por lo que es natural que aspiren a salarios mayores. Segundo, porque los salvadoreños que residen en el exterior envían no solamente remesas (frecuentemente de montos superiores a los salarios mínimos vigentes), sino también información sobre los mercados laborales de sus nuevos lugares de residencia, ayuda a pagar el "coyote" en caso que alguien más de la familia decida emigrar, apoyo para encontrar trabajo y hospedaje temporal. Producto de ello, muchas personas, antes de emplearse en actividades tradicionales y de baja remuneración, prefieren esperar a que les llegue la oportunidad de emigrar. Un tercer motivo, es el reconocimiento internacional de la laboriosidad de los trabajadores salvadoreños, que provoca que si no reciben una remuneración acorde con esa valoración, muchos prefieren arriesgarse buscando mejores oportunidades afuera. Finalmente, y no menos importante, es el consumismo o creación de nuevas "necesidades" que las personas de los diferentes estratos sociales se sienten obligadas a satisfacer, como consecuencia del fuerte bombardeo de publicidad. Los ejemplos son abundantes: celulares, restaurantes de comida rápida, zapatos deportivos, ropa de marca, etc. Es comprensible que quien trabaja espera que le paguen lo suficiente para consumir esos bienes. Todas estas razones indican que el salario de reserva, entendido como el mínimo salario por el que las personas están dispuestas a participar en el mercado laboral, ha aumentado. Por consiguiente, es erróneo concluir que la gente no quiere trabajar. Lo que quieren son salarios reales más altos; por lo que, ante un mercado laboral que contrariamente les ofrece salarios reales con tendencia a decrecer, muchos prefieren apostarle a algún emprendimiento en el sector informal o se van.

Tan racional es el comportamiento de los trabajadores como el de los empresarios. A estos últimos se le ha obligado a competir internacionalmente dentro de un sistema de libre mercado y de fuerte apreciación cambiaria. Para ello, básicamente hay dos caminos: aumentar la productividad y reducir los costos. Dentro de esta lógica, habría por lo menos cinco razones que justificarían por qué los empresarios están pagando salarios que han perdido poder adquisitivo. La primera de ellas es que, a pesar de la reducción de la oferta de trabajadores provocada por las migraciones, y del aumento del salario de reserva antes mencionado, el desempleo y el subempleo continúan afectando a cerca del 50% de la población laboral. La segunda, es que la población en edad productiva como porcentaje de la población total está aumentando (bono demográfico). La tercera razón es que la población económicamente activa también está aumentando por la creciente incorporación (aunque todavía insuficiente) de las mujeres al mercado laboral. Además, los salarios mínimos del país son más altos que los que se pagan en algunos países vecinos. Finalmente, debido al agresivo proceso de apertura comercial al que se ha sometido al país, algunos sectores como la agricultura y la industria no han podido ajustar sus precios al ritmo de la inflación.

Este conjunto de razones explica cómo actuando racionalmente trabajadores y empresarios, están generando efectos socialmente irracionales. Una evidencia más que muestra lo inapropiado que es emprender un proceso agresivo de apertura comercial dentro de un contexto de altos niveles de emigración y remesas.Ojo también Honduras y Guatemala.

* Economista Jefe PNUD.