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Meriam Yehya Ibraim goza de libertad

Meriam Yehya Ibrahim es una mujer musulmana, de 27 años, médica de profesión, hija de un musulmán que la abandonó cuando tenía seis años. Su madre de origen nigeriano, la educó en la religión cristiana. Se le considera musulmana pues la religión se transmite a través de la figura paterna. Fue condenada a morir ahorcada en Sudán por "convertirse al cristianismo" y "casarse con un cristiano". Fue condenada también a recibir 100 latigazos por el delito de adulterio, no porque estuviera con otra persona, sino porque su matrimonio con Daniel Wani no es reconocido como tal bajo la ley musulmana. Hace poco dio a luz una hija en el hospital de la prisión de Orduman, donde la tenían encadenada. La corte de su país acordó retrasar la ejecución para que pudiera dar a luz y amamantar a su hija.

Según las leyes musulmanas, el matrimonio entre alguien que sea musulmán y otra persona cristiana no es reconocido legalmente y, por tanto, los hijos de ese enlace son considerados ilegítimos. Esta es la razón por la que el otro hijo de la pareja, de tan sólo 20 meses, también fue retenido en la cárcel.

Meriam ha sido un ejemplo de valentía y fidelidad a la fe cristiana. Fue condenada a morir en la horca el 11 de mayo y tras ser advertida por un religioso musulmán del peligro que corría su vida y luego de ofrecerle volver al islam, Meriam confesó: "Soy cristiana y seguiré siendo cristiana. No voy a renunciar al cristianismo sólo para que pueda vivir. Sé que podría seguir viva convirtiéndome en musulmana y sería capaz de velar por nuestra familia, pero necesito ser honesta conmigo misma".

La corte de la capital sudanesa, Jartum, la acusó de dos crímenes: apostasía y adulterio, por haberse convertido al cristianismo y por casarse con un cristiano. La pena en ese país por apostasía es la pena de muerte, por adulterio, cien latigazos. Sudán es un país principalmente musulmán y el Estado impone la ley sharia, por la cual se condena todo comportamiento alejado del islam.

Los cristianos siguen siendo perseguidos en muchas partes, se les atropella su dignidad humana y cristiana. No se puede imponer una fe a la fuerza, la coherencia entre lo que se cree y se practica necesita libertad. Hace unos días el Papa Francisco declaró en el diario español La Vanguardia: "Lo que sí quiero dejar claro es una cosa: estoy convencido de que la persecución contra los cristianos hoy es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Hoy hay más cristianos mártires que en aquella época. Y no es por fantasía, es por números". Meriam nunca renunció a su fe. Esto es un ejemplo para nosotros como cristianos. Ella es como la mujer fuerte del Evangelio

La presión internacional ha hecho que la dejaran libre. La plataforma CitizenGO impulsó una campaña para exigir la liberación de Meriam, en la que se reunieron miles y miles de firmas. Lo mismo hicieron otros organismos internacionales. Jurídicamente, dicen los entendidos, esta condena era poco sostenible pues hasta se habían bloqueado los testimonios que atestiguaban su permanente adhesión al cristianismo. Realmente cuando hay diálogo se impone la verdad y la justicia; de lo contrario, se impone la fuerza bruta.

*Sacerdote salesiano.