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Mente dividida

Aunque puede haber ciertos rasgos de conducta que se advierten desde la niñez, típicamente los síntomas de la esquizofrenia aparecen en la adolescencia o juventud temprana

Es tal vez la enfermedad mental más devastadora que se conoce. Cuesta definirla y comprenderla pues tiene múltiples dimensiones, afectando diferentes áreas de la vida psíquica. La Esquizofrenia tiene una historia que se remonta a muchos siglos atrás. Se tiene descripciones de enfermos con síntomas característicos en antiguos libros de medicina, pero fueron Kraepelin, Bleuler y Schneider quienes la reconocieron como una entidad específica. Kraepelin la llamó demencia precoz por dos características especiales, su aparecimiento temprano en la vida y su progresión al deterioro. Luego Bleuler acuñó el término esquizofrenia que significa mente dividida.

La esquizofrenia trastorna diversos componentes del funcionamiento mental, como el pensamiento, el afecto, la percepción y los procesos cognitivos, alterando la conducta y deteriorando la personalidad. Las relaciones interpersonales se ven, por tanto, significativamente perturbadas. Actualmente los síntomas de la esquizofrenia se dividen en positivos y negativos, sin que lo de positivo indique algo favorable o benigno. Los síntomas positivos incluyen alucinaciones (especialmente auditivas) e ideas delirantes de tipo persecutorio, nihilista o referencial (la creencia de que muchas cosas tienen un significado personal). Los síntomas negativos incluyen aislamiento social, alteraciones cognitivas y pérdida de reacción emocional (aplanamiento afectivo).

Si usted reúne todos estos síntomas y los ubica en una misma persona comprenderá por qué dijimos al principio que era una enfermedad devastadora. “Él era un hijo que fue normal en su niñez, tal vez un poco tímido, pero poco a poco cambió, dejó de ser el mismo y comenzó a comportarse de una forma anormal. Al hijo que conocimos lo hemos perdido y ahora sentimos que estamos ante un extraño”. Esta es la descripción que los padres frecuentemente dan al describir la evolución de una persona con esquizofrenia y que expone el progresivo deterioro en las relaciones que se produce.

Aunque puede haber ciertos rasgos de conducta que se advierten desde la niñez, típicamente los síntomas de la esquizofrenia aparecen en la adolescencia o juventud temprana. Lo más común es que vayan emergiendo lentamente, y esto la diferencia de otros tipos de psicosis (pérdida de contacto con la realidad), que tienen un aparecimiento brusco. El curso es progresivo, con crisis alucinatorias y paranoides que pueden aliviarse temporalmente pero que dejan secuelas.

La esquizofrenia afecta a una de cada cien o doscientas personas. Su origen no se conoce con exactitud. Las teorías acerca de su causa van desde las puramente biológicas (alteración de los circuitos cerebrales y los neurotransmisores) hasta las sociales, que incluyen problemas de la comunicación y educación. Actualmente hay evidencia clara de un componente genético-biológico importante. 

La enfermedad no puede ser curada pero sus síntomas más graves pueden controlarse. El advenimiento de los psicofármacos en la década de los cincuenta posibilitó que muchos enfermos dejaran los asilos (o manicomios como antes se les llamaba) y se reintegraran, si bien con limitaciones, a sus familias y a la sociedad.

Hoy día se cuenta con psicofármacos de nueva generación que son eficaces para controlar los síntomas positivos y aliviar en alguna medida los negativos.

Si tomamos como referencia el pasado, lo que ha cambiado en la esquizofrenia es su evolución. Antes llevaba hacia un inexorable deterioro. Hoy esta evolución natural puede ser neutralizada hasta cierto grado, lo que depende de la gravedad y el tratamiento oportuno. El futuro traerá una mayor comprensión de la enfermedad, tratamientos más eficaces, una mejor calidad de vida para los enfermos y un alivio para sus familiares. 

*Médico psiquiatra
y columnista de El Diario de Hoy.