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Mensajes confusos

La tragedia que viven los venezolanos —con un régimen despótico que no da para más y que por inconfesables propósitos se aferra de manera tan arbitraria al poder, arremetiendo contra la oposición y contra todo aquel que se atreva a cuestionarle, ya sea un alcalde venezolano o un periódico español— debería ser lección para todos aquellos que veían en la Venezuela de Chávez "el modelo" por seguir para nuestra América Latina. Pocos podrán seguir con la cacareada figura del "Socialismo del Siglo XXI", pero continúa el autoritarismo de ahí derivado, léase ataques a la libertad de expresión, la toma de las instituciones, la persecución política para opositores y el "buen vivir" de funcionarios de la macolla.

 Lo que ha cambiado es la cantidad de petrodólares que recibían los miembros del club de países del Alba, ya que en los tiempos de la gran bonanza de Venezuela originada por la más grande escalada de los precios del petróleo de manera sostenida, este país suplía a mansalva a sus socios; las imágenes de estantes vacíos en los comercios venezolanos asemejan el drama de posguerra proyectado en el clásico cinematográfico "Lo que el viento se llevó" —"Gone with the wind"—. El impedimento a Felipe González de asistir en el "juicio" a los prisioneros políticos es otra de las últimas imágenes que retratan a ese sufrido país, que según el ex presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz, ??Oscar Arias, "dejó de ser una democracia".

Al agotarse la influencia venezolana, cada país ha ido volviendo a velar por sí mismo, como debió haber sido siempre. Asediados los gobiernos por la reacción ciudadana a la rampante corrupción y descomposición denunciada en Brasil, Chile, Argentina, el remezón se vuelve cada día más grande. "Tenemos un flagelo adentro de carácter ético: cuando el afán de hacer plata se mete adentro de la política, nos mata a la izquierda", dijo a "El País" el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica. Sólo así podría explicarme la situación de varios países, incluido el nuestro, que dicho sea de paso es el que menos crece en la región.

Desde que resultó electo, el Presidente de la República se pronunció por el crecimiento económico, algo en lo que la mayoría de salvadoreños estaremos de acuerdo que resulta prioritario estimular, manteniendo el mensaje a través de su primer año. La realidad, empero, le desmiente. O, ¿puede explicarse en otra forma que sea CEL el impedimento para finiquitar el heredado caso de CEL-ENEL? ¿Por qué no se aprueba una verdadera Ley de Responsabilidad Fiscal, que controle el gasto y el endeudamiento, y nos ayude a sanear nuestras deterioradas finanzas? Seguro que se encontraría apoyo si se actuara en esta línea, que a su vez proveería financiamiento.

Luego de las evaluaciones nada positivas al primer año de gestión gubernamental, un par de amigos me cuestionaron el carácter "tan conciliador" de mi columna El estado de la Nación. Obvio que les entendí el trasfondo "tan conciliador": fue para no decirme ingenuo o peores calificativos; mi punto ante ellos fue que digo y escribo lo que pienso, que el país ya dijo lo que tenía que decir en las dos investigaciones de opinión pública independientes y la de Cid Gallup, que en esencia dijo lo mismo que las otras aunque desconozco si ha dejado de trabajar para Casa Presidencial. Mi punto es que hay que dejar siempre puentes de encuentro para el logro de acuerdos en bien de El Salvador.

De mensajes confrontativos hemos tenido bastante, ojalá se fortalezcan los funcionarios con lógica de gobierno y de país, porque vaya que El Salvador lo requiere.

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.