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Menos armas, menos homicidios

El Salvador se ubicó en el cuarto lugar de los países con más homicidios del planeta. Con una tasa de 41.2 homicidios por cada cien mil habitantes fue superado solamente por Honduras, Venezuela y Belice que ocuparon los primeros tres lugares, en ese orden. La información aparece en el Estudio Mundial sobre el Delito correspondiente a 2013 y que recientemente fue dado a conocer por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. El estudio no solamente menciona los países con mayor incidencia de homicidios sino también los de menor incidencia. Entre estos se encuentran pequeños principados como Mónaco y Liechtenstein con cero homicidios. Pero también países densamente poblados como Japón con sólo 0.3 homicidios y que ha ocupado esa baja posición desde hace años.

¿Cómo es posible que un país con participación en ambas guerras mundiales y con un pasado militarista e imperialista tan intenso tenga en la actualidad un índice tan bajo de homicidios? La respuesta es el estricto control de armas y municiones que poseen y que prohíbe totalmente las armas de fuego. Con sus 127 millones de habitantes en Japón solamente hay 50 personas que tienen permiso para portar armas y todos ellos son los miembros del equipo olímpico de tiro. Las armas no les pertenecen sino que son propiedad del Estado y se las prestan para sus prácticas deportivas.

Además los japoneses pueden obtener permiso para poseer escopetas de caza o de tiro al plato. También se necesita el mismo permiso cuando se trata de rifles de aire comprimido. Pero el proceso para obtener esos permisos es tan agobiante que el número de solicitantes ha descendido rápidamente. De 652 mil en 1981 a 493 mil 373 en 1989. Pero, aunque con índices bajísimos, en Japón todavía existen los homicidios. Casi todos ellos son cometidos por los "Boryokudan", la mafia japonesa que obtiene sus armas por medio del contrabando desde Filipinas y de los Estados Unidos. Pero, incluso ellos, tienen muy mala puntería: la obtención de municiones está tan controlada que no pueden obtenerla para hacer prácticas de tiro. La conjugación de estos elementos hacen de Japón una de las sociedades más pacíficas del planeta y a Tokio la megaciudad más segura del mundo.

El caso de Japón ilustra el hecho de que existe una relación entre el número de armas de fuego y los crímenes en una sociedad: a menor cantidad de armas menor cantidad de homicidios. No obstante, el control de las armas de fuego es solo parte de la explicación. La otra parte se basa en aspectos culturales como el del respeto a la autoridad social, que convierte a los japoneses en uno de los pueblos más respetuosos del mundo. Si el sistema legal de control de armas japonés se trasladara a El Salvador no tendríamos los mismos resultados. Se necesita implementar de manera paralela cambios culturales que le otorguen sentido al cuerpo de leyes. El problema es que los cambios culturales no se producen tan pronto como las leyes. Pero, precisamente porque toma tiempo se debe comenzar pronto. Los dos procesos deben caminar de manera paralela. Dado que a menor cantidad de armas en manos de civiles se producen menos asesinatos, la veda de armas debería ser una de las metas prioritarias en nuestra sociedad.

*Pastor general de la misión cristiana Elim