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En menos de 100 días

Todavía no cumple 100 días de ejercicio el actual gobierno y los indicios que arroja su proceder están empezando a minar la poca confianza que había conseguido despertar su inicial discurso conciliador.

Hace poco más de dos meses, muchos calificamos la invitación al diálogo del Presidente de la República como un contraste positivo, porque al menos en el papel desvirtuaba la forma grosera y prepotente con que su antecesor se había conducido desde el poder. Hoy, a la vuelta de algunas semanas, la pregunta es si nuestra confianza tuvo alguna vez razón de ser, habida cuenta del acelerado ritmo con que ciertas maniobras políticas han venido desmintiendo, en los hechos, las declaraciones de los nuevos funcionarios.

Así como una sola acción democrática envía mejores augurios que miles de loas a la democracia, un solo procedimiento antidemocrático puede echar por tierra miles de promesas realizadas al calor de una campaña electoral. Exploremos, para el caso, el espinoso tema fiscal. De poco ha servido a los sectores productivos reunirse en maratónicas sesiones con sus contrapartes oficiales. De haber sido atendidas sus fundamentadas objeciones, ningún nuevo paquete de impuestos se habría empujado en la Asamblea Legislativa de la forma en que se hizo.

La muy bien recibida invitación al diálogo intersectorial necesitaba de ciertas evidencias para superar el formalismo y traducirse en resultados. Esas evidencias, por desgracia, siguen sin aparecer. Lo que hemos tenido en su lugar es la imposición de un paquete tributario destinado a desinflar más nuestra economía. ¿Qué significado tiene entonces la palabra diálogo en el diccionario gubernamental? Y más importante aún: ¿Cómo borrar la negativa impresión de que el diálogo es una estrategia política y no una verdadera convicción democrática?

Al final, por supuesto, es la sumatoria de todos los indicios lo que causa más alarma. Si la cuestionada aprobación del paquetazo impositivo, en vísperas del periodo vacacional de agosto, hubiera sido un caso aislado, alguien podría tratar de defender al gobierno diciendo que su nerviosismo fue la causa de tan burda maniobra. La urgencia, por decirlo así, habría dado paso a la indecencia. El problema del último madrugón legislativo es la cadena de malos mensajes a los que ha venido a sumarse. Ojalá sólo se tratara de un eslabón; pero no: ¡es apenas el más reciente!

El pasado 31 de julio los votos del FMLN, de GANA (con la honrosa excepción del diputado Francis Zablah) y de un par de "independientes" fueron suficientes para aprobar cargas impositivas que nos afectarán a todos. Por una vía similar, la Asamblea ya había dado luz verde al gobierno para limpiar su tarjeta de crédito a cambio de ningún compromiso serio en materia de responsabilidad fiscal. En otras palabras, por caminos alternos al consenso anunciado, la actual administración ha terminado haciendo lo que ha querido, sin que a la fecha los ciudadanos tengamos claro cómo vamos a pedir cuentas a nuestros servidores públicos del dinero que a la fuerza vamos a poner en sus manos.

Idénticas penumbras rodean la iniciativa gubernamental del ingreso de El Salvador a Petrocaribe. De los supuestos beneficios del asunto se nos habla con un entusiasmo que también quisiéramos tener en la clarificación de sus implicaciones, porque las dudas crecen en una medida inversamente proporcional a la información que se nos brinda.

Y no acaba allí la lista de malas señales. En menos de 100 días, una diputada opositora ha sido arbitrariamente desaforada, han vuelto a proferirse amenazas a la Sala de lo Constitucional, el Poder Legislativo se niega a transparentar sus gatos, se deja sin explicación la escasez de frijoles recurriendo a tendenciosas acusaciones de acaparamiento, se hacen innecesarias "sugerencias" a los medios de comunicación sobre el tipo de noticias que presentan, y, en fin, se responden con eufemismos a las oportunas advertencias del señor Arzobispo sobre la violencia imparable que agobia a nuestra sociedad.

Todo esto, repito, en menos de 100 días. Y seguimos contando…

* Escritor y columnista de El Diario de Hoy.