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En memoria

Reproducimos la carta que el nieto del Dr. Guillermo Hidalgo Qüehl, fundador de la Bolsa de Valores, leyó en las exequias de su abuelo

El pasado 1° de febrero falleció mi abuelo.  Se fue de esta tierra físicamente pero dejó una  enorme huella en su familia, en los que le conocimos y en su querido El Salvador.
 
Cuando me encomendaron la oportunidad de dirigirle unas palabras en su entierro, pensé qué cosa más difícil poderle hacer honor a 93 años del Dr. Guillermo Hidalgo Qüehl en un discurso de 5 minutos.  Su vida realmente da para escribir un libro.
 
Sin embargo, hace unos meses, mi abuelo me entregó un paquete que contenía fotografías, cartas, recortes de periódicos; memorias y reflexiones que, siendo lo detallista que era, guardó durante el transcurso de mi vida.  Entre las cartas, encontré una que me escribió cuando cumplí 21 años que captura el gran hombre y mentor que siempre fue.  Es un mapa de vida.  Con su permiso me gustaría compartir la carta con ustedes:
 

“Querido Santiago, ¡¡¡Felicidades en este día!!!

Hoy todo es alegría, has llegado con toda felicidad a tus 21 años.

Deseo que siempre seas feliz. La felicidad significa: confianza en sí mismo, conformidad con lo que tienes, con lo que eres, honestidad y rectitud ante toda prueba; deseo firme de servir, de hacer el bien a tus semejantes; ser caballero y honrado a carta cabal y de una conducta intachable.  Todas estas cualidades se desarrollan día con día y se fortalecen minuto a minuto.

Ves pues, que la felicidad no se compra nunca con dinero.  El dinero facilita muchas cosas, pero no  es todo.  Sin embargo, sirve para hacer feliz a otros y esa será tu mayor felicidad.

Hemos venido a este mundo para servir.  Para servir a Dios y a nuestros semejantes.  Siempre debes hacer las cosas bien, en honor a Dios.  Y servir a tus semejantes en todas las posiciones y oportunidades que tengas. Puedes hacerlo desde tus empresas, desde cualquier cargo público.
 
El que acepta un cargo público debe estar dispuesto siempre a servir, es un servidor público y debe manejar los bienes públicos con toda honestidad, con todo respeto y siempre con la mentalidad y decisión de servir al público, nunca de servirse a sí.  Si no tienes esa decisión, no aceptes nunca un cargo de responsabilidad y menos en el sector público.

Los cargos no son eternos, todo pasa, todo se acaba. Cuando todo eso pasa y se termina ¿Qué  queda?  Nada más el recuerdo y la satisfacción que nada ni nadie podrá quitarte: la de haber servido y de haber servido bien.

Así serás siempre amado y admirado.

El amor ni la salud tampoco se compran, Dios te los enviará por añadidura.

Ama siempre a tu madre, a tu padre y a tu familia.
 
Y cuando ames, sobre todo a una mujer, ámala intensamente, pero por sus cualidades espirituales e intelectuales, nunca solo por su belleza física y menos por su dinero; estas dos últimas cosas pasan y se terminan cuando menos se piensa, sólo así serás amado y admirado por la que sea la dulce compañera de tu vida.
 
El matrimonio es para toda la vida, tiene problemas, dificultades, pero deben superarlos, especialmente por los hijos que habrían de venir, a quienes ustedes dos deben enseñar principalmente con el ejemplo.  Solo así, serás siempre feliz.

Guarda esta carta para que la leas de vez en cuando.  A medida que pasan los años, será más importante para ti y yo, que tanto te quiero, gozaré mucho al ver que he podido contribuir a tu felicidad.
 

Cariñosamente, Ito”.
 

Estos principios que mi abuelo nos enseñó con su ejemplo son los que ahora guían nuestra vida y la de muchos otros que lo conocieron.  Los zapatos que hay que llenar son grandes, ahora es nuestro turno hacerlo.
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.