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La mejor política social

Me encontré con un amigo al que tenía mucho tiempo sin ver. Su hija, me contó con orgullo, se graduó hace unos meses de doctora en medicina y además se acaba de casar con un joven que también es médico. Ambos egresados de la Universidad de El Salvador. Sin embargo, siguió en tono de aflicción, ninguno de los dos tiene trabajo todavía.

En la misma conversación salió a relucir el caso extremo, de un joven que tras muchos esfuerzos logró titularse en administración de empresas en una de las tantas universidades privadas que hay en el país. El joven imaginó, como casi todos los estudiantes, que el título por sí mismo era la garantía de un empleo estable y bien remunerado.

Tras varios meses de lecturas ansiosas de clasificados, avisos de ofertas de empleo, conseguir y llevar cartas de recomendación y frustrantes entrevistas: nada. El muchacho no encontró el trabajo que quería. Para sobrevivir vendió cualquier cosa de puerta en puerta. Decía, me contó mi amigo, que de nada habían servido las noches de desvelos preparando exámenes, las más de cuarenta materias cursadas, el dinero invertido. Un buen lunes huérfano de horizontes y esperanzas el muchacho se quitó la vida.

Ciertamente, como decía, el caso ilustra de manera extrema el terrible drama que viven muchos de los jóvenes que, por decenas de miles, se gradúan cada año en las universidades del país. Por las calles andan economistas vendiendo productos lácteos, hay catedráticos universitarios con salarios que apenas sobrepasan los 500 dólares al mes. Las noticias cuentan de jóvenes abogadas que lideran bandas de contrabandistas o que ejercen de proxenetas.

La situación parece contradecir lo que se afirma en cuanto a que la educación es la mejor inversión que se puede hacer en un hijo o que un país con gente más educada tiene más posibilidades de desarrollo. ¿Por qué entonces hay tanto profesional desocupado? ¿Por qué habiendo tantas universidades privadas en el país todavía no estamos ni siquiera en el umbral del Primer Mundo?

Hay otra paradoja: mientras muchos jóvenes profesionales no encuentran empleo, los agricultores se quejan de que no encuentran trabajadores para que recolecten las cosechas, cada vez es más difícil encontrar quien repare cosas en las casas o un buen mecánico. En otro nivel de empleo los departamentos de recursos humanos de grandes empresas tienen dificultades para encontrar personas idóneas en el país para ciertos puestos, por lo que se ven obligadas a contratar personal de otros países.

Frente al drama del desempleo hay, por lo menos, cuatro niveles de responsabilidad. En primer lugar los gobiernos, y sobre todo el que iniciará el uno de junio, deben asumir con total responsabilidad la afirmación de que la mejor política social es la generación de puestos de trabajo. Y ello sólo se logra atrayendo la inversión extranjera, estimulando la inversión nacional, para lo que se necesita invertir en plantas y equipos, seguridad jurídica e inversión en educar a los jóvenes en conocimientos y destrezas adecuados a los requerimientos actuales.

Las universidades por su parte deben actualizar su oferta académica y hacerla más acorde con los tiempos que vivimos; abandonar de una buena vez los prejuicios que algunas tienen en relación a los empresarios privados (a quienes de manera peyorativa viven llamando "los poderosos") y más bien trabajar juntos para mejorar los planes de estudio.

Los padres de familia debemos fomentar en nuestros hijos una formación integral y hábitos como el aprendizaje de habilidades extra curriculares, la lectura, el trabajo y actitudes positivas. Enseñarles a asumir su responsabilidad sobre su propio bienestar y que, además del empleo, existen otras formas de obtener ingresos como el autoempleo o convertirse en dueños de negocios o inversionistas.

Los jóvenes deben comprender de una buena vez que un título universitario no es garantía, por sí mismo, de un buen futuro. Si además del título no dominan al menos más de un idioma, si no manejan computadoras y autos; si no se saben expresar correctamente, redactar bien, si no se tiene una cultura general amplia (esto implica leer mucho), si no se tiene una actitud positiva ante la vida, difícilmente encontrarán el empleo que tanto sueñan.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com