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Mejor los despachos que la política...

Según las cifras oficiales, son aproximadamente 320,000 los salvadoreños que habrán cumplido la mayoría de edad y que en consecuencia podrán participar como electores en los próximos comicios presidenciales del 2014. Para ejercer su derecho deben tramitar el Documento Único de Identidad y por supuesto acercarse a las urnas a elegir al siguiente gobernante. De acuerdo al Registro Nacional de las Personas Naturales, dentro del segmento citado, son cerca de 250,000 personas las que todavía no han solicitado su DUI. El plazo está corriendo y finaliza el próximo 5 de agosto, aunque los que cumplen 18 años entre esa fecha y el día de las elecciones, podrán tramitar anticipadamente su identificación y solicitarla el día de su cumpleaños.

La primera obligación política de los jóvenes es informarse. Sin el conocimiento de la realidad nacional difícilmente podrán incidir y mucho menos transformarse en agentes de cambio. No pueden juzgar ni evaluar la situación política si ignoran la actuación de los partidos y las omisiones o abusos de los funcionarios en general. En la medida que sepan cómo les afecta la corrupción, la falta de transparencia, la postergación de la reforma política, la incertidumbre jurídica y el incumplimiento de la ley, probablemente enlacen esa realidad con su situación personal y comprendan que alguno de esos factores probablemente perjudicó el empleo de sus padres o la calidad de vida de su grupo familiar.

Un segundo deber de los muchachos es el de participar. Se les reclama mucho a los políticos pero se hace muy poco por corregir las diferentes situaciones que complican el desarrollo del país. Confusamente se cree que el cambio es posible exclusivamente si están involucrados en los partidos políticos. Para incidir en la evolución de las comunidades, de los barrios y de las ciudades donde habitan, existen los clubes de servicio, las asociaciones de vecinos, los grupos religiosos, las organizaciones deportivas y otro sinfín de entidades que seguramente orientan su finalidad a alterar positivamente el entorno. Si se presenta la oportunidad de involucrarse en política no debe rehuirse bajo el pretexto de cuidar "el honor". Los jóvenes son irreverentes por naturaleza y esa es la excusa perfecta para "pegar en la mesa" y pedir la mayor naturalidad y honestidad en las actuaciones de los liderazgos partidarios.

Finalmente la juventud tiene la responsabilidad de votar. Si se informa y participa en iniciativas que modifican el ambiente económico, político y social, pero el "día D", cuando se castiga a unos y se premia a otros, no ejercen el sufragio, se ponen a la cola de los partidos y su actuación no difiere en nada de los madrugones, las mentiras, los chantajes y el despilfarro que tanto critican desde las redes sociales.

Las acusaciones, demandas y contrademandas de corrupción, populismo, clientelismo, opacidad de la información pública, incertidumbre política e ineficacia de la administración pública, entre los actores políticos, sociales y empresariales, deberían constituir el "disparador" que anime a los ciudadanos a un involucramiento más activo en los temas de país.

Los jóvenes impulsaron la reforma educativa en Chile; encendieron la llama de la libertad en Egipto y se sumaron a los sucesos de Túnez para dar lugar a la "primavera árabe"; detuvieron en un primer momento la reforma constitucional en Venezuela que promovía la reelección indefinida, y paralizaron las calles españolas haciendo nacer el movimiento, ahora universal, de los "indignados". Esos y otros ejemplos son el acicate, el aliciente, el estímulo que las conciencias inmaduras y muchas ya pasadas de años necesitan para tomar la pluma, ejercitar la palabra, confrontar los miedos y subirse a las tarimas.

Los "adultos jóvenes" no están exentos de culpa. La generación de los setenta que ahora cumple cuarenta años no ha desempeñado el papel que le corresponde. Ha preferido los despachos, las empresas y todo aquello que le garantice estabilidad económica sin importarles que el barco en el que navegan naufrague poco a poco. Al mejor estilo de un sector de la empresa privada nicaragüense, se han acomodado y mientras el presupuesto familiar esté garantizado, que sean otros los que defiendan los principios democráticos y el sistema de libertades. Si la apatía y la desidia continúan avanzando, no habrá quién pueda contener las ambiciones de quienes consideran que el poder total es la condición para la transformación de la sociedad.

* Columnista de El Diario de Hoy.