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Mejor invertir en prevención que en reinserción

En el mundillo salvadoreño he podido observar varios ejemplos de personas que viven inmersas en ambientes que solamente les deparan inseguridad, riesgos de todo tipo y privaciones de todos colores y tamaños y sin embargo, aparentemente disfrutan de su situación porque rechazan las oportunidades que se les presentan para mejorar sus condiciones de vida.

En una conocida institución de beneficencia de la capital pude constatar que algunos internados sacados de las calles por menesterosos y que a costa de sacrificios se les proporciona techo, cama limpia, los tres tiempos de alimentación y asistencia médica, se fugan para volver a las calles, dormir en el suelo, alimentarse con desperdicios y vestir harapos.

Conozco casos de servidoras del sexo a quienes se ha ayudado a salir de su mundo, al respecto solamente la que ha pateado calle sabe lo que deja atrás, y lo mucho que gana con ser respetada, tener un trabajo y buena salud, que a la vuelta de un tiempo vuelven a las andadas. ¿Será que la vida fácil, la parranda permanente y el hecho de tener más de un verbo con hombres desconocidos les produce una atracción que no pueden rechazar?

También tengo conocimiento de jóvenes e incluso menores de edad que han sido beneficiados, que en la primera oportunidad se escapan para continuar su vida anterior, lo que significa cobijarse con cartones, dormir en zonas verdes del centro de San Salvador, alimentarse hurgando basureros de comedores y restaurantes, disputar ferozmente las pocas monedas que recogen y llevar una vida sexual precoz llena de peligros.

El caso de los pedigüeños empedernidos parece ser mucho más complejo porque en ellos menudean las enfermedades mentales, colándose en el grupo muchos vivos que simulan ser discapacitados. La mayoría actúa como si tuviera derechos de propiedad sobre diversos sitios, llegan por la mañana en bus, se instalan, "trabajan" durante unas seis u ocho horas y luego se retiran. Estas personas no tienen el mínimo interés de cambiar sus vidas aunque ello signifique mejorar su situación.

Otro ejemplo de personas reacias a cambiar son los pandilleros, en efecto, la mayoría de los capturados y fallecidos en condiciones violentas tiene un largo historial delictivo en el que se intercalan varias temporadas tras las rejas. Durante la reclusión y otros en fase de confianza han recibido múltiples charlas de orientación, capacitaciones para aprender un oficio y no pocos han recibido diversos beneficios, desafortunadamente nomás salen libres invariablemente reinciden. ¿Será que les atrae fallecer antes de los 25 años de edad o pasar de 30 a 40 años en la cárcel?

La reinserción social es un proceso largo y complejo que puede durar años dependiendo de cada caso en particular, ya que no se puede generalizar. Se fundamente en la reeducación y en tratar de rescatar lo poco de bueno que tienen en sus cerebros. El porcentaje de éxito es bajo y la reincidencia alta, abundan los irrecuperables como aquellos con personalidad antisocial y psicópatas. Implementar un sistema de reinserción social con criterio programático requiere de una inversión considerable en personal especializado, instalaciones, escuelas, etc. Naturalmente es un mito creer que se pueden rescatar 30,000 pandilleros solamente con charlas, leyendo pasajes bíblicos cada mañana o cultivando ayotes en granjas penales.

*Doctor en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.